¿Crisis funeraria?

27.06.2014 | 05:00
Román Álvarez
Román Álvarez

Hace pocas semanas leí en el tablón de anuncios de un cementerio gallego lo siguiente: "Enterrador móvil". El impacto visual fue grande hasta que me fijé en que más abajo aparecía el número de un teléfono? móvil, naturalmente. En otro anuncio anexo se ofrecía música en vivo para "bodas, funerales, sacramentos y aniversarios." Qué alarde de realismo, pensé para mí. Que no se muera nadie, pero que vivamos todos. Queda la duda de cuáles serían los sacramentos acogidos a la oferta, ¿extremaunción incluida? Me abstuve de llamar, no fuera a responder al otro lado el mismísimo peripatético empleado fúnebre, acaso agente de la agrupación musical, rondalla, coro o simple charanga. Esperemos que los ejecutantes no se vean afectados por lo que sucedía en "El empresario de pompas fúnebres", de Pushkin, donde la profesión acababa por influir en el carácter lúgubre del protagonista.
Shakespeare nos recuerda en "Medida por medida" que la vida no es más que el juguete de la muerte. Evelyn Waugh, por su parte, abordaba en "Los seres queridos" el estrafalario, pero fabuloso, negocio funerario en California.

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