La elección

01.06.2014 | 04:45
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Martínez-Simancas

Un partido político es una formación tremendamente sólida, anclada en las bases y con presencia territorial fuerte; salvo que alguien se disponga a cargárselo y en el PSOE tienen una larga tradición de ir quitándole palos al edificio hasta dejarlo en ideología esquelética. Rubalcaba se marcha aunque todavía quedar un congreso de por medio y hasta llegar a él un debate interno que se soporta bien cuanto mejor salud se pueda demostrar.
La renovación del secretario general es una partida de ajedrez en la que unos van de peones, otros de caballos que se mueven mucho, pero también se puede elegir porque hay quién hace de tablero, un carajal en todos los sentidos. Y no olvidemos que Rubalcaba sigue en activo mientras dura su época de reina madre hasta llegar al congreso donde le sustituirán. Pero antes de que llegue ese momento los candidatos se tapan en la medida de lo posible para no quemarse antes de tiempo. Por si faltara algo nos queda la revolución de la militancia que propone Eduardo Madina y que ya ha asustado a los defensores del dogma. Y, si con todo este mareo de gente, candidatos, declaraciones de viejos militantes, etc. al PSOE le debe quedar tiempo para demostrar que sigue siendo un partido de izquierdas. Casi nada.
Según Rubalcaba les han castigado en las urnas porque les vinculan a cuando Zapatero comenzó con recortes y reformó la Constitución junto a Rajoy a golpe de teléfono porque básicamente Zapatero no se sostenía en el gobierno tras una "agradable" llamada de Ángela Merkel y según parece otra de Obama en términos menos amables.

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