La grandeza de lo humilde

30.05.2014 | 04:45
Román Álvarez
Román Álvarez

Carpio Bernardo es un diminuto pueblo del que yo no tenía más que una vaga noticia de su existencia. El lugar se asienta en una suave loma a los pies de un impresionante roquedal sobre el que se conservan los restos del castillo que la tradición atribuye a Bernardo del Carpio. El viento sopla libre de obstáculos durante el día. Dicen los vecinos que amaina por la noche, como si quisiera respetar el silencio estrellado y apacible de la vega a la abrigada del teso.
La Asociación Cultural Bernardo del Carpio evoca a finales de mayo la memoria del héroe de Roncesvalles, hijo del conde de Saldaña, a quien Alfonso II el Casto cegó y encerró de por vida en el leonés castillo de Luna. A mitad de camino entre la historia y la leyenda, Bernardo lavó la imagen de su progenitor, venció a Roldán, y sus gestas fueron objeto de múltiples obras literarias surgidas de una tradición oral basada en cantares y romances desde la Crónica de Alfonso X.

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