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El puente centenario

24.05.2014 | 04:45
José Antonio Bonilla
José Antonio Bonilla

El miércoles Emilio Rivas me ha obsequiado con su libro "El puente de Enrique Estevan en su centenario", publicado por el Ayuntamiento. Se lo agradezco mucho, me encantan los puentes. Salamanca era una ciudad, a finales del s. XIX y comienzos del s. XX, dejada de la mano de Dios. La vida pasaba desbarajustadamente en tropel por el único puente que existía en el Tormes, el romano. Las avenidas humanas eran tan peligrosas como las aguas incontroladas de las riadas. Las autoridades y las fuerzas vivas eran conscientes del problema, la solución propuesta disparatada: ensanchar el puente Romano derribando los pretiles y atravesando vigas de hierro a lo ancho. Esta intervención de haberse llevado a cabo, sería casi como la gran tarascada que le dio la riada de San Policarpo, 1626, llevándose la mitad de sus arcos. En esta ocasión estuvimos a punto de perder ese monumento, el más antiguo de la ciudad y, así hubiera sido, de no haber mediado el concejal Enrique Estevan.
Leed este libro; él nos enseña muchas cosas no sólo del puente, sino de las dos personas que más hicieron para que se pudiera construir: Enrique Estevan y Saturnino Zufiaurre. El primero fue un personaje singular, abogado y rico propietario, activo concejal. Cuando murió lo acompañaron al camposanto, además de los familiares y numerosos amigos, trescientos pobres que cobraron dos pesetas por llevar hachas, veinticinco céntimos más que el jornal de los peones que habían trabajado en el puente.

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