Paciencia, ya queda menos

20.05.2014 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias
Juan Antonio García Iglesias

Ya tenemos campeones de Liga. Algo es, que sirva al menos para tener contenta a una parte y no siempre a la misma. Pronto tendremos también campeón de campeones. Bueno, tenerlo lo tenemos ya, solo falta saber cuál de los dos aspirantes a serlo lo será.
Hasta ese día, más campaña, que por pitos y por flautas ha quedado reducida no al anunciadísimo debate [que no lo fue porque no hubo] entre Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano, sino a sus consecuencias, es decir, a la posterior y cerril justificación de Cañete de no aplicar su natural y varonil inteligencia capaz de acorralar a una pobre mujer indefensa durante el debate [que no lo fue porque no hubo], algo que se podrían haber ahorrado por respeto a los electores, quienes haciéndose respetar „gesto de irrefutable inteligencia por su parte„ tuvieron el acierto de no perder el tiempo vién- doles y escuchándoles.
Lo cierto es que lo que a casi nadie interesó „solo a 1 millón 840 mil españoles de los más de 36 millones 500 mil convocados a las urnas, lo que significa que 34 millones 660 mil posibles votantes pasaron olímpicamente del asunto„ es lo que más ha dado que hablar estos días atrás y sigue acaparando el interés, más que cualquier otro tema de índole electoral, no por el debate en sí, que, repito, no lo fue porque no hubo, sino por el postdebate, una vez que Cañete se recuperó a sí mismo, habló a su aire y dijo lo que dijo, echando a perder todavía más lo que ya estaba perdido.
Este episodio ha marcado en la campaña un antes y un después, con más eco que lo dicho por todos los demás, algo que no estaba programado, lo que indica que lo espontáneo, lo natural e instintivo es lo que llega y alcanza y se oye y se comenta, sea una sensatez o sea una burrada. Lo que otros digan en mítines y demás suena a apaño, a compadreo, a conformidad entre todos, a diseño que echa para atrás, así, cuando alguien sale por peteneras llega a todas partes, se hace oír, que es para lo que se inventaron las campañas, para que cada cual cantara las verdades del barquero y se llevase el gato al agua aquel que mejor las hubiera cantado. No ocurre eso, por lo que las campañas no son lo que son y no consiguen lo que pretenden.

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