A veces llegan cartas

19.05.2014 | 00:23
A veces llegan cartas
A veces llegan cartas

Ya no recuerdo cuál fue la última vez que sonreí al abrir mi buzón por encontrarme allí la carta de un amigo, una novia, un familiar. Seguramente fue internet lo que acabó con el ritual de los sobres y los sellos. El correo electrónico cumplía la misma finalidad, pero ya nunca fue igual, ay. Y ahora las redes sociales, esas que según algunos están infestadas de odio y maledicencia a los que habría que poner coto con urgencia, nos ayudan a mantener en contacto, entre llamada y llamada, a quienes estamos alejados de nuestros seres queridos, pero de una manera distinta. En definitiva, que las pocas cartas que quedan no suelen ser agradables. El banco, la operadora de telefonía o las malditas multas de tráfico sostienen a duras penas la actividad venida a menos de nuestros carteros, y eso si no hemos tenido la lúcida idea de solicitar las comunicaciones por vía digital, que así de paso salvamos unos cuantos árboles. "A veces llegan cartas", cantaban Raphael o Julio Iglesias con letra de Manuel Alejandro. Pero ya es muy raro recibir cartas en estos tiempos. Salvo en campaña electoral.
Esta semana he recibido tres cartas. Y además el mismo día. No es algo que me haya producido excesiva euforia ni nostalgia, máxime cuanto doy por hecho que todos mis vecinos empadronados en mi edificio habrán recibido cartas similares. Tengo las tres delante ahora mismo y la coincidencia me ha inspirado para escribir sobre esta correspondencia electoral, una costumbre tan arraigada desde 1977 como la pegada de carteles en la primera noche de campaña y, como ella y siempre a mi parecer, absolutamente inútil. Difícilmente una carta bienintencionada como las que tengo ahora enfrente decidirá el voto de nadie, pero a ver quién de los dos grandes es el primero en dejar de hacerlo. Lo primero que llama la atención son los colores que protagonizan cada escrito: azul en uno, rojo y granate el otro, magenta el tercero. Que no quepa ninguna duda de quién está detrás. La carta azul llega en un sobre sin remitente ni señas de identidad. Bien jugado: eso obliga a abrirla para desvelar el misterio. Las otras dos traen sus logos claramente visibles y podrían ir directamente al cesto de reciclar si el votante no comulga con esas ideas.

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA

La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155 Fax admon. y publicidad: 923 258404
Aviso legal  |  Política de cookies