Una dama y un señor

17.05.2014 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias
Juan Antonio García Iglesias

Quedó atrás la festividad de San Isidro Labrador con desigual celebración al no ser unánime el entusiasmo. Hubo quienes pasaron de su Patrón „del que solo se acuerdan en su día y cuando no llueve para que llueva, aunque este año ni eso„, en la capital, no así en la provincia donde el fervor se mantuvo íntegro. Está el gremio de los nervios, como para rogarle alguna lluvia, aunque sea la precisa para salvar la cosecha y ni una gota más, al Santo, que con lógico criterio, si se diera el caso, respondería a los rogadores con un castizo "por aquí se va a Madrid, que es mi pueblo". Esto que pongo en boca del Santo él jamás lo hubiese dicho, ni siquiera pensado, pero lo digo yo, que no soy santo ni llevo camino de serlo, porque desde su sacrosanta condición algo sin duda haría [y hará] por todos, porque de todos, quieran o no, es Patrón el santo campesino madrileño.
Para más inri se acerca el final de la Feria del Libro, habitual desencadenante de chaparrones, trombas y diluvios, siempre muy puntuales, oportunos y bien recibidos por todos que no sean libreros, hasta hoy mismo en que la lluvia ni se huele, que es lo que suele ocurrir con la lluvia en ambiente seco cuando viene de camino, que alcanza al olfato antes que a cualquier otro sentido. Pues este año no se huele por ninguna parte, así que, de momento, ni gota.
Se trata de una sequía muy particular, un tanto extraña, con los pantanos a rebosar, las charcas bien llenas, los pozos con agua hasta la boca, los rios y arroyos crecidos..., sin embargo el secano está que se abrasa de sed, secano que a poco que cayera le vendría como agua de mayo, que es lo que los hombres del campo esperan mirando al cielo.
Como las desgracias nunca vienen solas, porque unas acompañan a otras y llegan todas en tropel, a esta de la sequía se une todo eso que venimos padeciendo de forma tan habitual que es parte de la vida misma.
Estamos perdiendo las oportunidades que el calendario nos proporciona sin posibilidad de vuelta atrás y de recuperar lo perdido y solo nos queda afrontar con paciencia la recuperación de la normalidad tras el paréntesis por el luctuoso episodio del asesinato de Isabel Carrasco, y la normalidad hoy ya sabemos qué es: corrupción por un lado, corrupción que sigue imparable brotando „son los únicos brotes que tenemos a la vista„ por donde menos se espera, y campaña electoral por otro, campaña de la que aun nos queda una larguísima semana por delante.

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