Un triste final

13.05.2014 | 04:45
M. VIcente
M. VIcente

Mi columna de hoy nada tenía que ver con el tema sobre el que finalmente voy a escribir. Me parece una frivolidad dedicar estas líneas a otra cosa que no sea condenar la triste muerte, a tiros, de una persona que había dedicado buena parte de su vida a la política desde distintos ámbitos. Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación y del PP de León, falleció ayer por la tarde a tiros, poco antes de encaminarse a Valladolid donde estaba previsto el mitin central de esta anodina campaña electoral, que iba a tener como orador estrella el presidente del Gobierno y del PP nacional, Mariano Rajoy.
Sea cual sea el móvil del vil asesinato, la muerte a tiros de una persona, de cualquier condición, no tiene ningún sentido, es una verdadera atrocidad que solo se puede entender como reacción de una mente enferma, aunque en este caso parece que son más de una.
Isabel Carrasco ha sido una política de raza, controvertida en ocasiones, de fuerte carácter, que hablaba sin tapujos ni pelos en la lengua y que defendía con uñas y dientes en lo que creía sin importarle a quién tuviera enfrente. Pero nadie le podrá negar su capacidad y su enorme trabajo. Había dejado la Inspección de Hacienda para dedicarse a la vida pública y a lo largo de su dilatada trayectoria había ocupado varios cargos. Su forma de ser desenfadada, dicharachera y atrevida hicieron que no pasara desapercibida para nadie, ni en vida ni siquiera ayer en su triste y dolorosa desaparición.
Su muerte ha sido un mazazo para todos los que de alguna manera la habíamos tratado y me imagino lo que pueden estar pasando en estos momentos su familia y toda la clase política que convivía a diario con ella porque había hecho de la política su vida. Especialmente tiene que haber sido un duro golpe para el Partido Popular en el que militaba. Ayer el secretario regional del PP y alcalde de Salamanca, Alfonso Fernández Mañueco, no pudo contener las lágrimas, no podía articular palabra al otro lado del hilo telefónico cuando se le pidió una reacción. Con él había compartido Consejo de Gobierno durante casi dos años, desde la dimisión de Juan José Lucas hasta las primeras elecciones en las que fue elegido en las urnas Juan Vicente Herrera como presidente de la Junta de Castilla y León, aunque la relación continuó porque Carrasco presidía el partido en León y Mañueco es el secretario regional del PP.

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