Ya empezó la diversión

10.05.2014 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias
Juan Antonio García Iglesias

Bueno, ya estamos en la vorágine electoral. Empezó la campaña con el empuje de la inercia de una precampaña más larga de lo que va a ser la propia campaña, que terminará, se quiera o no, con la jornada de reflexión, que en esta ocasión coincide con la final de la Champions, jornada en la que nadie va a reflexionar nada porque estarán todos a otra cosa muy distinta y muy distante, tanto como lo está Lisboa. Reflexionarán los cuatro de siempre, ni uno más, porque al pueblo soberano ese día le motivará el juego que merengues y colchoneros [madrileños todos] se traerán entre manos. Estarán los ánimos del personal como para perder el tiempo en pamplinas.
Hasta entonces disponemos de dos semanas para, entre todos, hacer patria, cosa nada fácil porque lo de patria suena mal y nadie se moja en algo que no tiene futuro, con que buena gana de perder el tiempo, lo que significa que disponemos de dos semanas para, entre todos, hacer nada, que es lo más prudente en unos momentos en los que el negocio está en agarrarse como lapas a lo que hay „tanto como Magdalena Álvarez al Banco Europeo de Inversiones, del que es vicepresidenta, no olviden que esta señora antes partía que doblá, nos lo advirtió una vez, lo que habrá que traducírselo a los del Comité de Ética del susodicho Banco, porque no parece que entiendan lo que significa„, salga lo que salga de las urnas y caiga quien caiga, ya que si consiguen salvar el chiringuito será el mayor de los triunfos soñados con el que habrán ganado todos aunque nada cambie, al fin y al cabo es su negocio, porque el chiringuito es cosa común, por tanto de nadie en particular, así que si el chiringuito se hunde pierden todos y eso no hay empresa que lo aguante.
En esta ocasión han surgido voces nuevas y discrepantes haciendo causa común contra lo que hasta ahora ha sido el cobijo de una casta que se someterá a votación el 25-M, con poco riesgo de que vaya a cambiar mucho el panorama, algunos matices todo lo más y se acabó lo que se daba. Las voces discrepantes, que tendrán su eco, el que le den las televisiones y muy poco más, se perderán en la lejanía como las que claman en el desierto, que acaban llevándoselas el viento y si las oí no me acuerdo.

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