Un hombre de conciencia

28.03.2014 | 04:45
Ángel J. Ferreira
Ángel J. Ferreira

Era la misa del mediodía y llegó el momento de darse la paz. Aquel hombre, Adolfo Suárez, se volvió a la señora que tenía a su lado y le tendió la mano cordialmente pero se quedó sin respuesta. Lo he recordado estos días cuando todo han sido parabienes sobre su figura, pero Suárez fue un hombre contestado, vilipendiado y proscrito. ¿Recuerdan ustedes la terrible campaña de desgaste que el PSOE perpetró contra el que era presentado como un franquista encubierto? ¿Han olvidado su condición de traidor para los nostálgicos de la dictadura? ¿Perdieron la memoria del ruido de sables en los cuarteles golpistas contra quien, decían, quería destruir el honor de España? ¿Se olvidaron de que su defenestración tuvo muchos novios, pero principalmente sus compañeros de partido, la UCD, que decían querer democratizary ello suponía acabar con Suárez? Alguien ha traído al tapete que la Transición solo se concibe desde el Rey, con Suárez de acólito, pero el Rey también abandonó a Suárez a su suerte. Sí, Adolfo Suárez, fue odiado a derecha e izquierda, aunque ahora algunos hayan querido patrimonializarsu muerte como si fuera uno de los suyos, cuando nunca lo fue.
Si echásemos la vista atrás con un poco de decencia, sin mitificarlo sí, pero también sin mistificarlo, se nos aparecería como un político que se entregó a la tarea de devolver a España a la democracia, casi inédita en nuestra Historia, de modo pacífico y como una tarea moral. Hoy, quien no lo vivió, tiende a pensar que la Transición fue un apaño y que todo abocaba a la inevitable democratización, pero no es verdad: aquel proceso fue complejísimo, tenso e incierto, y acabó bien pero pudo frustrarse.

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA

La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155
Aviso legal  |  Política de cookies