En el Reino de Herodes

28.12.2013 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias
Juan Antonio García Iglesias

En el año cero de nuestra era reinaba en Judea un tal Herodes, llamado El Grande, persona de naturaleza cruel, espíritu receloso e instinto sanguinario, que lo más destacable que hizo durante su turbulento reinado, se conmemora hoy, Día de los Santos Inocentes, episodio que recoge San Mateo en uno de sus evangelios, aquel en el que "un ángel del Señor se apareció en sueños a José [...] y le dijo: levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo". En efecto, Herodes, por miedo a perder su trono terrenal, ya que acababa de nacer en Belén el Rey de los judíos que habían anunciado los profetas, "mandó matar a todos los niños de dos años para abajo en Belén y sus alrededores". El número total no se sabe, porque en las Escrituras solo consta la matanza.
Pero no fueron aquellos lo únicos inocentes condenados a morir y muertos por apegos e intereses criminales. La historia está llena de ellos, historia que dos mil años después continúa cobrándose vidas de inocentes, lo que significa que "herodes" no han dejado de existir y a día de hoy siguen existiendo más que nunca, ya que, más que nunca, la historia de los inocentes sigue repitiéndose todos los días, porque cada aborto que se hace es un inocente que muere.
El aborto es una práctica que han convertido en un argumento político de mucho tirón y a la vez en un negocio redondo, dos razones por la que muchos no estén dispuestos a renunciar ni a lo uno ni a lo otro, es decir, ni a los argumentos ni al negocio.
Condicionado por la aberración, que manda mucho, en España el aborto es un derecho. La llamada "Ley Aído", obra de la nefanda ministra de Zeta Pe, aún en vigor, lo establece. Esto significa que en España a una madre se le reconoce el derecho a matar a su hijo con la única condi- ción de que no haya nacido, aunque la madre sea menor de edad y sin consentimiento de sus padres, que en estos casos, sobre su hija, no se les reconoce ni autoridad ni nada. Sencillamente, no existen.

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