En Re Mayor

28.12.2013 | 04:45
Alberto Estella
Alberto Estella

Rajoy sacó ayer su violín político y, como si fuera Paganini, do, re mi fa, sol, nos administró su particular concierto nº 1, naturalmente en re mayor: año 2012, RE-cortes; año 2013, RE-formas; año 2014, RE-cuperación. Al inspirador de su letanía, su negro, le debió sudar el pecho con tanta re, de repetición. Seguramente le quiso dar el aire solemne de la Marcha "Pompa y Circunstancias", que Elgar compuso precisamente en re mayor. Pero me temo que a los destinatarios, tan cansina enumeración, ya nos repite, como la sobada Marcha Radetzky del próximo concierto vienés „otra en re mayor„, por no decir que más que las sardinas. Comprenderán que, puestos en re mayor, uno prefiera volver a escuchar varios de los movimientos del Oratorio de Navidad de J.S. Bach, con el que he felicitado las Pascuas a algunos amigos. Por el melómano Juan Antonio „mi subdirector „, me entero que Salvador Pániker, sostiene "no soy ateo porque existe Bach". El pensador, medio indio, profesor de filosofía oriental, fue una de las excentricidades de UCD en 1977, y salió electo Diputado por Barcelona, pero comprendió que lo suyo no era la política y dejó el escaño. Recayó en el gitano Juan de Dios Ramírez Heredia. Como buen calorro nos engañó a todos con su verborrea fácil y sugestiva, e intuyendo la venida del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se pasó al socialismo con sus canastos, el costurero de raso pajizo y el escaño.
La música, y no las simplonas reiteraciones políticas de Rajoy, obra milagros. A mi culto y académico amigo Alfonso Rodríguez G. de Ceballos, le tengo por uno de mis maestros. Con él charlo y aprendo, cuando como ayer viene a Salamanca. Sale el día de los Inocentes, y me sugiere escuchar "La infancia de Cristo", de Berlioz. La primera parte, "El sueño de Herodes", es verdaderamente un bellísimo monumento sinfónico. Imposible describir lo que cada cual siente mientras escucha esa música, pero García Morente, catedrático de filosofía de la Universidad Central y conocido ateo, oyendo en el exilio de nuestra guerra incivil esa pieza, en la soledad de su alcoba parisina, escribió : "Algo exquisito, suavísimo, de una delicadeza y ternura tales que nadie puede escucharlo con los ojos secos".

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