Un catalán español

27.12.2013 | 04:45
Un catalán español
Un catalán español

De vez en cuando la mirada al pasado produce muchas más satisfacciones que nuestro complicado presente. Tal es el caso del Diputado catalán de las Cortes de Cádiz, Antonio Capmany, de cuya muerte se cumplen en este año 200 años, lo que ha dado lugar a la celebración días pasados de un homenaje al alimón del Ayuntamiento gaditano y de la Asociación Taurina Parlamentaria.
¿Y cuál es la razón de ser de este homenaje? Parece obvio, Antonio Capmany no sólo era uno de los 22 diputados que representaban a la Cataluña en las Cortes de Cádiz, sino que también era un parlamentario que constituía una excepción de su grupo, según se nos cuenta ya que, junto con una ilustrada formación en literatura e historia, además de militar de carrera, sería uno de los diputados con más intervenciones en el Hemiciclo como redactor de la Constitución y, además, hizo una vigorosa defensa de las corridas de toros entonces prohibidas y que las considera "sostén del espíritu nacional" y expresión de lo que se llamaba fiereza española que, Capmany, contrapone a la molicie y frivolidad de fuera. Esto es, hace una contundente reafirmación de españolidad frente al afrancesamiento imperante.
Además, Capmany, de ideología liberal, expresa una visión unitaria del Estado, cuando declara que es un gran error pretender persuadir que los diputados de Cortes no son representantes de la Nación sino representantes de las Provincias y ello porque "nos llamamos Diputados de la Nación y no de tal o tal Provincia; hay diputados por Cataluña, por Galicia, etc.€ mas no de Cataluña, de Galicia, etc.€ Entonces caeríamos en un federalismo, o llamémosle provincialismo".
Ante todo ello, cabría preguntarse ¿qué diría Capmany si levantara la cabeza ante lo que está pasando en su querida Cataluña con la prohibición de los toros y con el pretendido independentismo de los nacionalistas?
El Presidente del Senado lo definió con claridad: "Capmany fue un hombre que supo estar a la altura de su tiempo y que honró a sus raíces siendo buen español a fuer de buen catalán. No hubo, sin embargo, ninguna rareza en ello. Raro, más bien por incomprensivo e incomprensible, debería ser el empeño excluyente de quienes se resisten a admitir que esa doble condición sea, sin solución de continuidad, perfectamente normal".

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