Ser felices o ser mejores

23.12.2013 | 04:45
Roberto Zamarbide
Roberto Zamarbide

Que la Lotería de Navidad siempre toque a los demás es un hecho que ya se ha convertido en algo tan tradicional como la presencia de la mula y el buey del nacimiento. Nadie tiene explicación racional „salvo el anterior Papa„ pero ya contamos con ello cada año. Hoy es el Día de la Salud, esa fecha en la que, después de comprobar que tampoco tuvimos suerte este año, nos da por aferrarnos a ese modesto consuelo de decir que "estamos más o menos bien, que es lo que importa". Cierto es para quien pueda decirlo. Pero seguro que el imaginario aparato medidor de la ilusión con el que los españoles afrontaron el sorteo del Gordo de ayer alcanzó las cotas más altas de las últimas décadas. Hay mucha necesidad por todas partes, y Salamanca no es menos.
Se puede entender por eso que aflore la envidia, digamos que sana, al ver en los medios el cava descorchándose en los bares y administraciones de lotería y tanta euforia desbordante... ajena. Me alegro sinceramente por los afortunado vecinos de Valdecarros, del paseo de Canalejas, del barrio San José, de Lumbrales, los clientes del centro comercial de Carrefour y en general todos aquellos que aquí se han beneficiado de un pellizco más o menos importante en el sorteo de ayer. Pero las imágenes y sonidos de júbilo desaforado y ciudadanos agraciados con millones al borde de un ataque de nervios terminan por empujar a este pecador a hacer zapping.
Resulta además muy difícil zambullirse inocentemente en el llamado espíritu navideño y olvidarnos de lo que pasa alrededor. Por eso termina sucediendo que las figuritas del belén dejan de ser un mero ornamento decorativo y toman decisiones por su cuenta. Como el rey Baltasar del nacimiento instalado en la plaza del Obradoiro de Santiago, que después de dos días desaparecido ente la indignación más o menos general, fue encontrado ayer ante la Secretaría General de Emigración de la Xunta portando un cartel contra las concertinas de las vallas de la frontera de Melilla. O el caso del belén de Momán, en Lugo, en el que la Sagrada Familia se mostraba el pasado año desahuciada del portal y en esta ocasión acude a hacer un escrache, pacífico y respetuoso, eso sí, ante el palacio de Herodes, al que reclaman que no se preocupe por las necesidades de sus súbditos.

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