SEGUNDA B
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Arbitrismo

14.12.2013 | 04:45
Alberto Estella
Alberto Estella

El español que se precie, en el café, en la taberna, en su tertulia, defiende con ardor su propia lista de jugadores de fútbol, que deben ser seleccionados por Del Bosque; conoce la fórmula indiscutible para superar la crisis de la tauromaquia; y por supuesto sabe perfectamente cómo se arreglaría España en un plis-plas. En tiempos de crisis, como la que atravesamos, las imaginativas propuestas y soluciones fantásticas, proliferan como los hongos. A la versión americana de todos estos espabilados, estos "locos razonadores", debía referirse un famoso escéptico, Mencken, conocido como el sabio de Baltimore, cuando dijo que "hay una solución fácil para todo problema humano: clara, plausible€y equivocada".
Son aprendices de arbitristas. La viva encarnación de estos sabios de pacotilla, de los remediadores de todos los males, fue en Salamanca "el jefe del mundo", un individuo atrabiliario, que se había pulido una importante fortuna y vivía de la ayuda familiar y de las invitaciones a vino y tapa, o a café y bollo, que sacaba a los señoritos y a los que ya conocían su gastado discurso. Lo echaba de nuevo „subido a una silla a modo de pedestal„, y se mofaban de él. Fue lo que hoy llamaríamos un zumbado. Por supuesto diseñaba un mundo paradisíaco, cuya jefatura ostentaría el mismo. En las enciclopedias al uso, un ejemplo de arbitrismo es una obra de 1646 titulada, agarren esa mosca por el rabo, "Medios políticos para el remedio único y universal de España". Y olé.
Si nos remontamos en la historia, volvemos a Salamanca, porque el arbitrismo fue una corriente de pensamiento político y económico, desarrollado en la Corona de Castilla en los Siglos XVI y XVII, relacionada intelectualmente con la prestigiosa y celebérrima "Escuela de Salamanca". Pero si acudimos hoy al diccionario, lo que queda de aquello „que tuvo sus aspectos muy positivos„, es la figura del arbitrista, y una definición peyorativa: "persona que inventa planes o proyectos disparatados, para€ remediar males políticos". Lo escribió muy sencillamente Paco Umbral: "Todo español tiene la fórmula personal para arreglar España, y la expone en el café cada tarde, mientras le dura la copa de coñac". Si lo sabré yo, contertulio y algo arbitrista, que con esta cita del último genio de las columnas de prensa, desvirgué la primera página, del primer número, de nuestra Revista "Papeles del Novelty" (1999).

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