Cuatro días, cuatro

10.12.2013 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias
Juan Antonio García Iglesias

Cuatro días de puente no están nada mal, un lujo que tal y como están las cosas no se lo permite nadie, solo nosotros, que a chulos no hay quien nos gane. Así nos va por la vida. De lujo.
El puente se acabó, pero el camino sigue, duro, empinado, incómodo y trabajoso de andar, sin embargo no hay más remedio que seguir adelante mientras el cuerpo aguante. No es un reto, sino una penitencia, por lo que „pese a todo„ un puente de vez en cuando no viene mal.
Este que acabamos de pasar es un buen ejemplo de lo bien que sienta en el ánimo siempre que se sepa aprovechar, porque cuatro día dan para mucho, y este en particular ha sido especialmente generoso en motivos que han permitido cambiar de chip y olvidar por cuatro días el rollazo cotidiano.
Durante estos días se ha hablado y escrito mucho de la Constitución, tanto quienes tenían algo que decir como quienes no. El caso era hablar o escribir, las circunstancias obligaban y había que afrontar esa obligación como fuera, con más, menos o ningún recurso, que de todo hubo. Lógico, tanto como bochornoso resultó contemplar el oficialismo reunido en torno a sí mismo esforzándose por cumplir con el expediente, cosa nada fácil. Menos aún cuando no necesitamos preguntar quién es quién, al conocer a todos y saber de qué pie cojean, porque aquí cojea hasta el rey, con más o menos prestancia, disimulo o agilidad, pero de la cojera „que se les nota a la legua„ nadie se libra.
Mientras tanto, en Cataluña, sin máscaras [tan de moda] ni pasamontañas, daban la cara ante al Palau de la Generalitat miles de catalanes que no se resignan a dejar [porque sí] de ser españoles, dado que lo son precisamente por ser catalanes, a la vez que las víctimas del terrorismo, de nuevo solas ante el peligro, ocupaban la plaza de la República Dominicana de Madrid „hecho que tuvo escaso eco„ donde hubo presencias notables y ausencias más notables todavía, que dejaron entrever el inicio de algo, de algo que está por ver pero que desprende una pizca de optimismo frente a este panorama desolador con el que nos levantamos y nos acostamos todos los días.

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