A cuento de las becas

01.09.2013 | 04:45
JUAN ANTONIO GARCÍA IGLESIAS
JUAN ANTONIO GARCÍA IGLESIAS

Se acabó agosto y, en cierto modo, también el verano. Además ha vuelto la normalidad política, y con ella Wert a la palestra. Wert, el ministro más denostado, sin embargo, y pese a sus muchos defectos, de lo poco potable que hay en el "tablao" gubernamental del presidente Rajoy. Le ha tocado bailar con la más fea de entre las feas, que en estas circunstancias son todas, y ahí le tenemos, haciendo de tripas corazón y dando la cara a un respetable mayoritariamente en contra, tan en contra que ya le tienen preparado una huelga de tres días. ¿Qué otra cosa que no sea una huelga puede esperarse en otoño? Más aún para impedir el cumplimiento de un compromiso imposible, como es el de arreglar la educación en España y poner un poco de lógica en algo tan sensible a las susceptibilidades como es la enseñanza, a la que no hay quien le hinque el diente. Wert, no obstante, lo procura con el riesgo, y él lo sabe, de quedarse sin dentadura en el intento.
Se trata de implantar una idea nada descabellada, que está teniendo una respuesta, cuando menos, vergonzosa de un importante sector social que se niega a que mejore la calidad de la enseñanza, tan calamitosa en la actualidad „los datos del Informe PISA lo dicen, no yo„ que a poco que se cambie la ley vigente mejorará, mucho o poco, pero mejorará, que es de lo que se trata. Pues no hay manera.
Así, cuando no es la ley [Wert], es cualquiera de sus muchas particularidades: que si las reválidas, que si las tasas, que si el adoctrinamiento ideológico, que si las becas... Pues el nuevo régimen de becas es el motivo del levantamiento actual, un régimen que el ministro trató de explicar en el Congreso de los Diputados y apenas lo consiguió, ya que inútiles resultan todos los esfuerzos y los argumentos por tratar de convencer a quienes se sientan a escuchar con el chip de no dejarse llevar. Y, naturalmente, Wert no los convenció.
En un país en el que todo funciona a impulsos de dinero público y se dispone de él conforme a la corrección política imperante en cada momento y circunstancia, cuando alguien pretende administrarlo no tan correctamente como la política al uso ordena, se arma la de San Quintín, y esa es la que le armaron sus señorías al ministro, que salió de la sesión flipando.

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA

La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155 Fax admon. y publicidad: 923 258404
Aviso legal  |  Política de cookies