Comparecencia con sordina

01.08.2013 | 04:45
Comparecencia con sordina
Comparecencia con sordina

Aclarará hoy Mariano nuestras dudas sobre el caso Bárcenas como anunció cuando comprometió su presencia en el Congreso? ¿Serán satisfechos nuestros deseos de verdad y transparencia? ¿Veremos la luz en el Congreso, hoy acogido en el Senado por motivos de obra mayor, que no demolición? No parece fácil ni previsible. Ya se sabe que las grandes expectativas tienden al parto de los montes y han sido tan estruendosos los silencios de Rajoy en los últimos meses que todo indica que asistiremos a una lección de manejo de sordina por parte del presidente en sus primeras palabras respecto al escándalo de las cuentas del PP y las fructíferas andanzas de su extesorero.
No existe el menor indicio de que el número uno del Gobierno vaya a pedir disculpas al estilo de Don Juan Carlos: "Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir". Sería deseable, pero todo apunta en dirección contraria, a una larga cambiada, sin respuestas claras y contundentes a nuestras dudas.
Nos quedaremos con las ganas de saber si Mariano cobró o no sobresueldos en sobres de dinero negro, si los recibieron el resto de miembros la cúpula popular señalados por Luis el Cabrón, si el partido se financió ilegalmente a cambio de la concesión de grandes obras y si ha estado cediendo a las presiones de Bárcenas justo hasta antes de su entrada en la cárcel para convertirse en el preso más famoso de España.
Quienes soportan en estos días los rigores del verano en La Corte y olfatean los efluvios del entorno presidencial, pronostican un ejercicio de funambulismo entre el sí pero no. Si hubo financiación irregular, ya lo dirán los jueces, y se devolverá hasta el último euro. Si hubo sobres, se declararon a Hacienda, y si no se declararon, el fraude habría prescrito, así que pasemos página. En ese propósito, Arturo Mas le enseñó ayer el camino con sus desternillantes explicaciones sobre la financiación irregular de CiU en el ´caso Palau´: la primera regla indica que todo en las cuentas de los partidos es legal, no se puede demostrar o está caducado. La segunda regla reza que la culpa siempre es del tesorero. Y en caso de duda, aplíquense las dos primeras normas.

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