Más allá de Bégica

25.07.2013 | 04:45
Más allá de Bégica
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Más que con la crisis económica, la austeridad en la entronización del nuevo rey de los belgas tiene que ver con la realidad de un país donde la monarquía es casi el único elemento unitario en un Estado integrado por tres comunidades, otras tantas regiones y cuatro áreas lingüísticas –valona, flamenca, germanófona y bilingüe bruselense-. No en vano, la misión encomendada a su hijo Felipe por el rey saliente, Alberto II, ha sido la de "trabajar sin descanso por la cohesión de Bélgica".
Tarea de Hércules, pues la constitución vigente consagra la figura de un rey capaz de ejercer solo funciones representativas. Ese diseño constitucional fue en parte responsable de las dificultades experimentadas hace meses para que Alberto II pudiera ejercer eficazmente la intermediación entre unas fuerzas políticas prácticamente incapaces de formar un gobierno federal con suficiente respaldo parlamentario. Porque, como es bien sabido, y a pesar de su exiguo tamaño, Bélgica es un Estado federal, pero sin partidos que actúen en ese marco, sino solo en sus ámbitos regionales, walón o flamenco -algo así como si en España solo existiesen partidos puramente autonómicos, como PNV o CiU-. Ese peculiar sistema partidario es el que ha permitido dar cuerpo al sueño separatista que actualmente domina Flandes. ¿Pero cuánto durará una unión federal que no es competencia de ninguna fuerza política? ¿Bastará la figura del rey para sostenerla?

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