La bota malaya

17.07.2013 | 04:45
ALBERTO ESTELLA
ALBERTO ESTELLA

Sorprende que un avezado periodista como Pedrojota, tenga un desliz. Pero le sucedió en su carta de "El Mundo" del domingo, que explotaba su éxito periodístico de las exclusivas de Bárcenas. Afirmaba que en la Audiencia Nacional, "un abogado sudaba la gota malaya". No existe tal "gota". Es oriental la tortura consistente en dejar caer sobre el inmóvil cráneo del atormentado una especie de gotero persistente, hasta que lo acabe perforando (en Béjar dicen "puesto el culo en la gotera, caigan las que quieran"). Lo coloquial, es "sudar la gota gorda", por calor, o metafóricamente para conseguir algo con tenacidad.
Aprendí de niño lo que era la bota malaya porque los cabrones „queridísimos cabrones„, de mis hermanos mayores, me la aplicaban para que soltara en su provecho la perronilla del reparto de la exigua merienda, y fines análogos. Me la hacían con sus fuertes manos, apretando mi pequeño pie, imitando a los malayos de una vieja película, que se la calzaban a Clark Gable para torturarle. Excuso decir que mis nietos ya han sufrido „cariñosamente„, ese "suplicio". Es una especie de bota de picador, con tornillos para reducirla, que comprimen el pie hasta romper los huesos, con un dolor insoportable.

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