El ejemplo de Pescanova

13.07.2013 | 04:45
El ejemplo de Pescanova
El ejemplo de Pescanova

A los maquinadores en la sombra de la Marca España, que ayer pusieron un mensaje en Twitter en el que proponían a la quebrada y saqueada Pescanova como ejemplo de empresa española, les traicionó el subconsciente. Es el peligro de las redes, que caes a lo tonto como pez despistado. La marca gallega está más ahogada que hundida, y solo puede servir de ejemplo para quienes ven en España una nueva Grecia.
Este país se ha llenado de pescadores en río revuelto, de lucios devoradores de capital en todas sus variantes, de tiburones de las finanzas que han arruinado marcas solemnes y han hundido cajas históricas sin pedir perdón ni devolver un euro de sus millonarias cuentas. Aun así, no es Roberto Langostino la enseña de nuestra marca, sino Corcuera y su famosa patada en la puerta. La patada en el imperio de la ley, que vuelve a estar de moda.
La Marca de la Patada queda impresa de manera indeleble en el frontispicio de la ley, desde el momento en que el Gobierno ha decidido saltarse a la torera la seguridad jurídica a golpe de decreto. Al eterno problema de la división, perdón, sumisión de poderes (el judicial y legislativo al ejecutivo) y al dañino ejercicio del indulto a los corruptos, se une ahora la inseguridad jurídica de las grandes empresas energéticas y de los pequeños inversores en renovables. En el extranjero ya se han enterado de cómo las gasta el Gobierno de Rajoy a la hora de olvidar sus compromisos con los inversores y eso sí que marca. Para mal, por supuesto.
El Ejecutivo anunció ayer la reforma del sector eléctrico como la panacea tras trece años de tormenta energética. "Es una reforma definitiva para acabar con los problemas del sector energético de nuestro país", dijo la ´vice´ Sáenz de Santamaría. Y estamos tentados de creérnoslo, porque nos quitaría un tremendo peso de encima (el déficit de tarifa va ya por los 24.000 millones de euros), pero la cruda realidad es que entre Soria y Montoro han creado una nueva burbuja, la de las renovables, que puede estallar en las manos de los bancos acreedores con el efecto habitual: que acabaremos pagando el pato los contribuyentes.

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