Las esquelas

27.04.2013 | 04:45
JOSÉ ANTONIO BONILLA
JOSÉ ANTONIO BONILLA

Los usos y costumbres de nuestra sociedad han cambiado. El culto a los muertos sobre todo. Hemos pasado del luto riguroso a la liberalidad más absoluta. El luto era más exigente para las mujeres que con los hombres, pero ambos tenía que demostrar que la muerte de un ser querido estaba siempre presente. La mujer se teñía toda la ropa, no podía quedar en su vestuario un color vivo, en ocasiones empalmaban un luto con otro y, cuando querían darse cuenta, se les había echado el calendario encima, se quedaban sin juventud, y vestidas de negro de por vida. Los hombres con traje y corbata negra. Luego, cuando se aliviaba el luto se colocaban un brazalete negro en la manga de la chaqueta o un botón forrado de tela negra en el ojal de la solapa. Las cartas y las tarjetas de visita se ribeteaban de negro. Toda esa parafernalia ha desaparecido, sólo perduran las esquelas, porque tienen un fin social de comunicación, de aviso de la muerte de una persona, generalmente bajo la cruz, con su profesión y señalando el lugar del entierro, hora del funeral, etc. Hace unos días con motivo de la muerte del pintor Eduardo Sanz, marido de la también pintora y salmantina Isabel Villar, un amigo suyo escribía en La Vanguardia "que el signo de ancianidad está marcado cuando un individuo que lee un periódico lo primero que mira son las esquelas mortuorias, y lo segundo, hace el crucigrama".

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