El agua sucia y el niño dentro

27.04.2013 | 04:45
JOAQUÍN LEGUINA
JOAQUÍN LEGUINA

Lo peor que le puede pasar a cualquier sociedad es que sus miembros se crean justos, generosos€ y no vuelan porque el Gobierno se lo impide. Este síndrome tan necio se ha disparado en España con la crisis. Al parecer, ahora es preciso volver a la Inquisición para que el Santo Oficio aplique sobre los políticos la vieja conseja medieval: "Matadlos a todos, que Dios escogerá a los suyos".
De esta guisa, los políticos se han convertido „sin distinción de sexo, condición o ideología„ en el gran chivo expiatorio, en el payaso de las bofetadas; muchos de ellos han hecho méritos sobrados para ser castigados, pero la generalización no es justa. En cualquier caso, declarar urbi et orbe que todas las instituciones públicas son incompetentes y corruptas sólo anuncia el peor de los males: la demagogia.
Nunca han existido en España tantas ocurrencias reformistas como ahora. Un viento que pretende llevarse por delante desde la Monarquía a los partidos políticos, pasando por los sindicatos, el Senado, la ley electoral y la Constitución toda. Y lo peor es que el PSOE, que gobernó hasta ayer, hoy colabora entusiasmado en esta fiebre reformadora€ como si ella nos fuera a sacar de la crisis.

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