Si me queréis, irse

17.04.2013 | 04:45
SANTIAGO JUANES
SANTIAGO JUANES

El mundo que conocemos se desploma. Isabel Pantoja, nuestra Pantoja, a la que en sus comienzos vimos en el Atenas y el Tartana, puede que dé con sus huesos –carne ha perdido muchísima del disgusto„en la cárcel. Ella, la viuda de España, la última gran tonadillera. Como en una copla, el amor de un hombre la ha llevado por el camino de la amargura: el que une el Rocío y la Audiencia de Málaga pasando por el dientes, dientes, que eso les jode. Y ahí está, aguardando en Cantora si la encierran o no entre rejas mientras su hijo, al que hemos visto pasar de Paquirrín a Kiko, se separa dejando al nieto de la "Panto" en un limbo. Un drama con trama que encajaría en una buena novela negra, ahora que el género campa a sus anchas y especialmente en Salamanca. Hemos dicho el amor de un hombre, pero también el color del dinero, al que las tonadilleras, por venir del hambre, siempre le tuvieron gusto. Nuestra Lola Flores tuvo sus más y menos con la Hacienda de Boyer, pero aquello era distinto. La "faraona" distraía del fisco dinero, lo manejaba en B, que se dice, metiéndolo bajo el colchón, porque aún nuestro Santos no había inventado los colchones con caja fuerte; mientras que Pantoja, ay, ha sido condenada por blanquear dinero, que venía del saqueo marbellí de los Roca, Muñoz y de nuestros Pedro Román o Isabel García Marcos, que estaban también en la Marbella de Gil y Gil, que fue una de las grandes escuelas que dio lugar a todo eso de lo que ahora nos arrepentimos, pero que entonces no nos parecía sino trapicheos entre el corazón, el bolsillo y la política que animaban las sobremesas con tomate televisivo.

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