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A pesar de todo

13.04.2013 | 04:45
ALBERTO ESTELLA
ALBERTO ESTELLA

Solo conozco a un salmantino monárquico. Traté a otro charro, insobornable carlista, que cuando aún estaba lúcido y salía en la conversación el nombre de don Juan Carlos, preguntaba: "¿Estáis hablando del intruso?". En abril de cada año, la tertulia de Bonilla hacíamos una comida, hablábamos distendidamente del tema monarquía-república; algún contertulio sostenía que era partidario de "la Beltraneja", y que nuestro destino hubiera sido mas halagüeño con la hija de la reina Juana de Portugal (y añado, para los criados con la LOGSE, supuestamente de don Beltrán de la Cueva, en defecto de Enrique IV "el impotente"); un correoso amigo recordaba inexorablemente que la primera bandera tricolor de Salamanca aquel 14 de abril de 1931 fue la que colocaron unos telegrafistas en el balcón de Correos; otro, en fin, precisaba que cuando Salcedo escribe que la Plaza Mayor fue aquel día „mañana se cumplirán 82 años„, "una hectárea de entusiasmo republicano", debería haber reducido la superficie a una huebra; y la pitanza concluía cordialmente cantando "La Marsellesa", con escaso entusiasmo revolucionario en quienes rondaban ya los sesenta. Pero hasta los que se confesaban republicanos, reconocían la manifiesta improbabilidad de que llegara la IIIª República, porque el Monarca había sido pieza clave en la transición incruenta, en la defensa de la democracia, y en el prestigio en todo el mundo de lo que hoy se llama "marca España". Muy lejos por tanto del proceder histórico de su dinastía, que en opinión de Unamuno, proclamando la nueva era desde el balcón municipal, nos había "empobrecido, envilecido y entontecido". Los del Novelty no nos parecíamos en nada a aquellos ingenuos miembros del Consejo privado de Don Juan de Borbón „entre los que estaba el padre de mi amigo„, que peregrinaban a Estoril, y ya en los años cuarenta, brindaban con "mas moral que el Alcoyano", por el que creían pronta restauración de la Monarquía en la persona de Juan III. Pero llegó su hijo Juan Carlos, de la manita, ay, del dictador, y treinta años mas tarde, habiendo fallecido mas de la mitad del anacrónico Consejo.

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