El emigrante

09.04.2013 | 04:45
SANTIAGO JUANES
SANTIAGO JUANES

Pronto no habrá una familia española que no tenga en sus filas o un desahuciado o un emigrante. Mientras no falta en estos días quien quiere echar de La Zarzuela al Rey o a la mismísima familia real al completo, uno de los suyos anuncia que se marcha al extranjero a trabajar ante la falta de perspectivas laborales en España, dejando a los propis en casa. Urdangarín, marido de la infanta Cristina, emigra solo a Catar para trabajar en lo suyo, el balonmano, en una especie de viaje atrás en el tiempo y en su tiempo, en la que han coincidido las muertes de Margaret Thatcher y Sara Montiel. Y es que volvemos atrás en tantas cosas? La "Thatcher", como la conocíamos por aquí, fue una de nuestra referencias en los años ochenta, coincidiendo con el apogeo de los Sex Pistols en las Islas Británicas y la movida madrileña en sus múltiples variantes, por aquí. A la Dama de Hierro la imitaba genialmente Gurruchaga y su política era puesta como ejemplo por nuestra izquierda de lo que podría pasarnos si Fraga, por ejemplo, llegase al poder alguna vez. La tele rezumaba imágenes de las cargas mineras cuando se la mencionaba, apoyando la idea, y luego vino lo de las Malvinas. Fijo que la "vieja" „Cristina Fernández„ debe estar aún celebrándolo. Aquí la noticia se supo mientras Cameron „James Cameron, el "premier" inglés, no Cameron Díaz„ y Rajoy hablaban de sus cosas „las mismas que tanto gustaban a la Dama„ y cuando aún estaba caliente el cuerpo de nuestra Sara Montiel, saritísima, que a finales de los ochenta nos pareció que podía ser una digna madre de nuestra Alaska, y de la que antes sólo sabíamos por nuestros padres. Finalmente, Sara se cansó de esperar fumando al hombre que quería tras los cristales de los alegres ventanales que miraban al Barrio de Salamanca, y se marchó para siempre dejando tras de sí los inevitables elogios que acompañan siempre al muerto.
Y todo ello mientras hacíamos cola delante de nuestras tahonas aguardando el hornazo nuestro de cada Lunes de Aguas, y alguno nos acordábamos de Agustín Gil, uno de los principales contribuyentes a la causa de la divulgación de nuestro hornazo por la vía industrial.

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