Tributo a la naturaleza

08.04.2013 | 04:45
ROBERTO ZAMARBIDE
ROBERTO ZAMARBIDE

Estoy convencido de que serán muchos los ciudadanos de este país que se habrán asombrado esta semana al descubrir viendo el telediario otra de las muchas maravillas escondidas que atesora Salamanca. Ver el grandioso espectáculo de la cascada del Pozo de los Humos en horario de máxima audiencia no está siendo, sin embargo, plato de gusto para los salmantinos que amamos los deslumbrantes rincones de esta provincia. Maldita la hora del pasado jueves en que la cascada se convirtió en noticia nacional, y maldito el fatal resbalón del infortunado joven mirobrigense que tornó en apenas un instante su día de excursión en tragedia fatal.
Estamos de paso aquí. Esto a menudo se nos olvida, pero la tierra ya estaba millones de años antes de que apareciera el ser humano, y seguirá estando mucho después de que desaparezca nuestra raza. Ni las bravuconadas del presidente de Corea del Norte, ni la hipocresía de los países que hacen oídos sordos a los acuerdos de la Cumbre del planeta podrán cambiar las reglas del juego. La naturaleza manda e impone su ley, y cuando se manifiesta con toda su violencia, el ser humano se siente muy, muy pequeño. Desde que siendo muy pequeño me aterraba la posibilidad de que una montaña cercana a mi casa entrase en erupción arrasando mi ciudad, cada desastre natural que me llega a través de los medios de comunicación me produce una sensación de vulnerabilidad que reaviva mis pesadillas infantiles. Maltratamos continuamente el planeta, y en ocasiones parece que la Tierra se sacude incómoda por el daño que le produce este pasajero molesto que habita en su superficie.

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