Joven y bravucón

02.04.2013 | 04:45
SANTIAGO JUANES
SANTIAGO JUANES

Con tanta lluvia y tanta agua desembalsada vienen los ríos que da miedo verlos „o gloria, según el caso„ aunque no tanto como décadas atrás, cuando los vecinos del Arrabal, por menos, ya estaban preparando las barcas y subiendo los enseres a lo más alto de la casa. Hay fotografías del barrio entre Venecia con marea alta y Nueva Orleans cuando se le desborda el Mississipi que cuesta creer que sean de nuestro Arrabal, pero lo son. Porque el Tormes, ahí donde le ven tan mansurrón él las ha preparado buenas. Todos nos acordamos de la riada del 26 de enero de 1626, fiesta de San Policarpo, porque se la hemos leído a Villar y Macías o a Bienvenido García Martín en un artículo estupendo en la añorada Revista de Estudios Salmantinos en 1982. Pero antes hubo otras, como la de Santa Bárbara, en 1498, que encabeza el libro de Jacobo Sanz Hermida "La avenida de Santa Bárbara y otras famosas crecidas", editado en 1997, de imprescindible lectura cuando se mira al Tormes como viene estos días. Sólo la de San Policarpo dejó 142 muertos, que se dice pronto. El caso es, decíamos, que el viejo y manso Tormes viene rejuvenecido y bravucón como hacía años que no se le veía, y nos tiene a todos admirados. Ha invadido choperas y sus aguas ya están dentro de la caseta del embarcadero, y ya veremos si se quedan ahí porque seguirá lloviendo y del Pantano de Santa Teresa continuará soltándose agua: otro espectáculo.
El 1903 también el río se desbordó y pagaron el pato los vecinos del Arrabal, según las crónicas del momento. Tal día como hoy de aquel año tuvo lugar otro suceso que nos puso en las páginas de los periódicos de medio mundo: los disparos de los guardias abatieron a dos estudiantes que se manifestaban contra los excesos de un inspector de vigilancia. El primero cayó en el Palacio de Anaya y el segundo, en el Patio de Escuelas. Se llamaban Federico García Gómez e Hipólito Vicente y sus nombres fueron a parar a un monumento (obelisco, se dice) diseñado por el arquitecto Santiago Madrigal y tallado por el escultor Folia que se inauguró en la Plaza de la Libertad el 24 de mayo de 1909 por Unamuno, Casto Prieto y Villalobos, según leo en un documento del Museo Virtual del Estudiante. Incluso parece que los universitarios valencianos hicieron también una lápida conmemorativa.

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA

La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155 Fax admon. y publicidad: 923 258404
Aviso legal  |  Política de cookies