Los huevos

01.04.2013 | 04:45
SANTIAGO JUANES
SANTIAGO JUANES

Ha sido guardar los pasos y echarnos al monte, que después de cuarenta días y sus noches ya toca, aunque la lluvia siga ahí. A partir de ahora lo suyo es sacar otros santos a la calle, pero ya sin la solemnidad de las procesiones de la Pasión, bandas de música nazarena y túnicas cerradas de arriba abajo. Así pues, tras el Domingo de Resurrección llega la otra resurrección, aunque no estén los tiempos para muchas alegrías y tengamos la sensación de vivir bajo la atenta mirada de Merkel y su átalos corto a estos del sur, o sea, a tocar los huevos, que los huevos son el símbolo de la resurrección y de ahí los de Pascua en forma de chocolate o en monas clásicas „masa y huevo„ o en nuestros hornazos. Vivimos pendientes del norte (la cancillera y los suyos) y de todo lo demás, que no sabes por dónde te puede venir: ahí tenemos a Kim Jong-Un declarando guerras a su vecino del sur (otra vez el sur) y nada menos que a los Estados Unidos, que los más pesimistas ya hablan de guerra mundial para acabar con la crisis, porque todas las crisis económicas rematan en una guerra a gran escala, y sabemos que las modas y los ciclos económicos se repiten, y ya se anuncia, de nuevo, el pantalón de campana.
El joven Kim, con su cara de huevo, tiene al mundo con los suyos encogidos esperando hacia dónde lanza sus misiles y a quién hace la pascua. Pero no nos desviemos del asunto: Roger Wolf decía que hay más misterio en un huevo friéndose en aceite que en todas las leyendas y todos los cuentos de hadas del universo, lo que nos remite a nuestra vieja de Velázquez friendo huevos al modo del Siglo de Oro, o a los huevos surrealistas y derretidos de Dalí. Y debe tener misterio, sí, lo de freír un huevo porque cuesta que en un restaurante te los pongan bien, con su puntilla, su punto de sal y su yema impecable. Huevos que a partir de la normativa europea de mejorar la calidad existencial de nuestras gallinas cotizan como el oro, y parece que ciertamente son de oro, como los de la gallina del cuento. Pero a pesar de ello ahí tenemos hoy a los de Fuenterroble ofreciendo a su Cristo, que debiera serlo de todos, porque es el Cristo del Socorro, docenas y docenas de ellos.

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