EN SALAMANCA

La impactante declaración de Canessa en Salamanca: "Comer carne humana fue humillante, pero volví a ver a mi madre"

Fue uno de los supervivientes del accidente aéreo de Los Andes de 1972

13.07.2017 | 20:09
Roberto Canessa, en una intervención televisiva.

Roberto Canessa "Músculo" sobrevivió a la llamada tragedia de los Andes en 1972. El avión en el que viajaba se estrelló y al cabo de varios días tomaron la drástica decisión de alimentarse de sus compañeros muertos. Canessa habla hoy en el Teatro de EspañaDuero (a las 19:30 horas y con invitación) de aquella experiencia, que incluyó varias expediciones en búsqueda de ayuda para escapar de la pesadilla en la que estuvieron inmersos más de dos meses.

–"Tenía que sobrevivir" es el título de la charla y de un libro que ha escrito, junto a Pablo Vierci. La tragedia de los Andes le inspiró para ser médico cardiólogo, aunque en el momento del accidente, con 19 años, ya era estudiante de Medicina.
–Estaba en segundo de Medicina. Cuando salí de los Andes era muy famoso, pero pensé que tenía que volver a mi vida de siempre. Pude seguir mi carrera. Y también sentía un compromiso con las madres de los que no volvieron. La comunidad del barrio de Carrasco, donde vivíamos, y el club de rugby nos apoyó mucho. Nos cobijaron las madres de quienes no volvieron. Mis hijos fueron al colegio con los sobrinos de mis amigos que ya no estaban... Ese duelo en comunidad nos sirvió para salir adelante en la vida. Fue una manera natural de sobreponernos a todo lo terrible que habíamos vivido durante 72 días en los Andes.


–Usted también sobrevivió al alud que les sepultó a los 16 días de la caída del avión.
–Justo esa tarde estábamos comentando, abrigados en el fuselaje porque fuera había 30 grados bajo cero —y mientras algunos rezaban el rosario-, que estábamos en el momento más bajo de la condición humana. Que aquello era peor que estar preso porque en la cárcel tienes agua, comida, cama...Y ahí entró el alud y me enterró vivo. Sentí que me moría y pensé que si aquello era morirse no era tan grave, pero justo ahí me destaparon la cara y pude volver a respirar.

–¿Cómo se organizaron para afrontar la supervivencia?
–Lo primero fue transformar el fusejale del avión en un lugar de cobijo. Sacamos los asientos y pusimos las maletas atrás, donde el avión se había partido. Y esperábamos que nos rescataran porque sabíamos que nuestros padres iban a hacer esfuerzos terribles para localizarnos. Al tercer día pasó un avión y pensamos que nos habíamos salvado. Comenzamos a llorar, también por los muertos. Hasta ese momento no lo habíamos hecho porque el próximo muerto en lista de espera eras tú mismo. No vino el rescate. Y en una pequeña radio escuchamos que la búsqueda era muy difícil porque había mucha nieve y en 33 accidentes de avión nunca había habido supervivientes. Nos dimos cuenta que el mundo civilizado nos iba a abandonar y que teníamos que construir una sociedad de la nieve, donde cada uno era importante y los que sobrevivían no eran ni los más inteligentes ni los más fuertes, sino los que tenían más actitud frente a la vida y eran capaces de mantener las ganas de vivir.

–No había flora ni fauna. Al final recurrieron a los muertos.
–Unos pensaron que era la Última Cena [Jesús compartió su carne y su sangre con los apóstoles mediante la transubstanciación, según dijo Pancho Delgado en una conferencia de prensa]. Para mí, que estaba en segundo de Medicina, eran glúcidos, lípidos y proteínas, una fuente de alimento. Aunque no les podías pedir permiso porque estaban muertos. Y pensé: "Si yo me muero, que usen mi cuerpo y que sirva para que vivan los demás". Y también pensé que no hacía nada que no les permitiera hacer a los demás.

–Vencieron la repugnancia y también un tabú.
–Yo sentí humillación, que me estaba degradando a lo más bajo del ser humano, que no es comer de la basura sino del cementerio. Te preguntas ¿por qué tengo que hacer esto? Yo pensé: Si para ver a mi madre tengo que comer un muerto, lo hago. Y después dejó de ser un paso terrible para ser parte de la vida misma.

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