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BÍCEPS&BERZAS

Mercedes Milá destapa sus vergüenzas

04.04.2013 | 12:23

Si desagradable a los ojos del televidente es ver a Mercedes Milá hacer el imbécil todas las semanas en la gala de Gran Hermano, imagínense su esbelta figura con menos ropa de lo habitual. Eso repugna. En la segunda entrega de Bíceps&Berzas ya dejaba unos apuntes de lo que pensaba de semejante ser, pero tras ver la semana pasada como se quedaba en sujetador en el plató no puedo por menos de dedicarle un post.

Adalid del cancaneo, la Milá se cree una jovenzuela que ha inventado el periodismo cuando la única realidad es que con sus estridencias de mujer insoportable han sepultado sus años de trabajo como comunicadora. En fin, que no pasará a la historia de la televisión española por su labor de reportera ni por su tiempo al frente de un buen programa como "Diario de", se la reconocerá en los anales como una cómica barata que en el ocaso de su carrera perdió el norte y las bragas.

La degradación de Gran Hermano ha sido la degradación de Mercedes Milá. Hace tiempo que el formato de este programa perdió su esencia de contar la convivencia entre desconocidos para convertirse en un muladar de frikis, musculitos y aprendices ninfómana en el que una presentadora quiere tener más protagonismo que los concursantes. Mercedes Milá maneja a su antojo a estos jóvenes, se permite darles lecciones de moralidad y dependiendo de la simpatía les humilla yo les venera. Esta señora va de feminista sin darse cuenta de que sus actitudes de discriminación y libertinaje son realmente machistas.

El último numerito semanal de esta catalana recalcitrante ha sido pegar un morreo con ansia en directo a uno de los concursantes. La imagen externa de esta sexagenaria mujer es la de una adolescente que se pavonea en busca de sus primeras experiencias sexuales. Una salidorra, vaya. Su tornillazo a Juan Carlos es uno más después del lote que se pegó con aquel argentino de GH 4 llamado Matías, o el ataque ese galán de pacotilla que entró en GH 7, Pepe. Que me perdonen todos, pero un beso de Mercedes Milá tiene que provocar la misma sensación que ese jamón rancio que te meten por ibérico en los bares de carretera. Un asco, un engaño.

No me quedan dudas de que las chorradas de la Milá tienen como único objetivo generar polémica y levantar la audiencia, pero creo que logran el efecto contrario. Esta presentadora todavía no ha entendido que no es Anna Simón y que las arrugas de su insípido escote sólo tienen efecto en la libido de los pajilleros.

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