Para Carrasco, el Barcelona siempre ganará el clásico del próximo sábado aunque sucediese casualmente que el Real Madrid le endilgase una ensalada de goles al club de sus amores. A su juicio, si gana el Barcelona triunfará el buen fútbol y si mete más goles el Real Madrid, habrá triunfado el mal fútbol, así que también ha resultado ganador el Barça de antemano, al considerar que la exclusiva del buen fútbol, les pertenece y está indisolublemente pegada a la camiseta azulgrana, la única al parecer, en poseer ciertos valores.
Así de impepinable es la teoría de Carrasco, una teoría a la que no sólo se apuntan futbolistas azulgranas retirados, como él, sino algunos tan vivitos y coleantes sobre el terreno de juego como el mismísimo Xavi Hernández, aspirante al balón de oro.
La teoría es bastante curiosa para estar hablando de un deporte en el que desde su invención, la máxima aspiración de los contendientes es ponerse el marcador a su favor, es decir, ganar. En el fondo, es tan absurdo como si el ciclista que quedase subcampeón del Tour de Francia declarase que él se siente dueño del mejor ciclismo ya que le ha dado a los pedales con un estilo más bello que el mismísimo campeón. O como si en un combate mundial de boxeo, el tipo que besa la lona en el primer asalto y queda K.O., se levantase cuando el ganador lo está celebrando y tratase de explicarnos que él sigue siendo el mejor del mundo ya que ha bailado con mejor estilo en el cuadrilátero que ése salvaje que le arreó sin tanta coreografía un tremendo puñetazo de realidad en la mandíbula.
Así es la teoría de Lobo Carrasco y Xavi Hernández.
Y esto, sin entrar a discutir que la estética del fútbol les pertenezca por decreto, como el axioma indiscutible del que nos tratan de convencer. Una de las mejores pruebas de fanatismo es que aquella del que trata de imponer su gusto particular por encima del de los demás.
Es indudable, a su pesar, que jugar bien al fútbol se puede jugar de muchas maneras y que unos verán, como la ven ellos, la estética en adueñarse del balón y hacer eternos ronditos en el centro del campo, señas de éste Barcelona, y otros la veremos en la velocidad, la verticalidad y la pegada del actual Real Madrid.