AL PITÓN CONTRARIO

Llora Valdefresno, llora el Campo Charro

07.01.2014 | 12:43
Nicolás Fraile junto a sus hijos, Enrique y Nicolás.

Hay marchas que duelen especialmente y la de Nicolás Fraile es una de ellas. Se ha ido el sheriff de Valdefresno, un ejemplo como ganadero y un referente del Campo Charro.

Hay marchas que duelen especialmente y la de Nicolás Fraile es una de ellas. Se ha ido el sheriff de Valdefresno, un ejemplo como ganadero y un referente del Campo Charro. Su marcha no dispara los elogios porque también los saboreó en vida en la que hizo méritos más que sobrados para ganarse el respeto y la admiración de todos. Se ha ido un hombre bueno y un ganadero soberbio. Uno de los modelos del Campo Charro. Sin hacer ruido, callado y con toda su sabiduría a cuestas, legada y aprendida a base de interminables horas de campo y a caballo entre las encinas por sus hijos José Enrique y Nicolás. Hoy la siempre agradecida lluvia del campo cae sobre Valdefresno en síntoma de duelo y con no poca tristeza. Llora el Campo Charro para despedir a uno de sus emblemas.

La última vez que estuve en Valdefresno fue la pasada primavera, y aquel día ya no estaba Nicolás; José Enrique tomó el mando para conducir el todo terreno por las tierras en las que aguardaban los toros de Madrid y también los de su inesperado debut en Pamplona. Y, ahora más que nunca, valoro y agradezco la última lección a su vera. Aquella mañana inolvidable del invierno anterior en la que mientras sus hijos llevaban los sementales de Valdefresno a Tellosancho para echárselos a las vacas, acompañé al sheriff que conducía su coche desgranándome la historia y los secretos de cada uno de sus cercados. La mejor manera de aprender de toros en unas horas que pasaron demasiado deprisa, mientras él saboreaba y yo disfrutaba de la paciencia y la calma con la que sus dos hijos manejaban el encierro hasta su destino entre las encinas, el silencio y la soledad del campo. Teoría y práctica al mismo tiempo.

Ese campo que ahora llora para decir hasta luego a ese ganadero que terminó creando un prototipo de toro. 'Ese es de Valdefresno', se dice al ver una foto de uno de sus productos en el campo o al ver salir a otro por la puerta de chiqueros. Inconfundible. Se empeñó y apostó sin reservas hasta su último día por las reses Lisardo-Atanasio, tan maltratadas en la actualidad por las empresas y por las figuras. Sin embargo, Nicolás no se cambió de bando. Y siguió fiel a esa apuesta que comenzó en 1992, cuando decidió separarse de su hermano Lorenzo con quien llevó el timón de El Puerto hasta que aquel año se marchó a Valdefresno para comenzar el camino en solitario y llegar a anunciar a sus Lisardos en las principales ferias y como co protagonistas de tardes y triunfos estelares en ciclos de postín.

No es cierto que se fuera sólo a Valdefresno, porque caminó amparado por sus dos fieles escuderos, hechos y forjados en su más clásica escuela. Sus hijos son su mejor legado y los encargados ahora de continuar su firme y consolidada apuesta en tiempos críticos para los criadores de bravo. El futuro está garantizado. Pero duele a borbotones la pérdida. Duele ese viaje maldito que no por esperado es menos doloroso. Ahora se encontrará con su hijo Juan Luis, el torero de la casa, que también se marchó demasiado pronto cuando soñaba con lances y muletazos eternos; y también para volver a saludar a su hermano Juan Luis, la vertiente torista de la familia Fraile, un orgullo para el Campo Charro que hoy llora la pérdida de un ganadero ejemplar.

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