AL PITÓN CONTRARIO

El toreo, sin fecha de caducidad

27.01.2013 | 12:50

El toreo ya tiene quien le proteja, quien le cante y quien le escriba. Ahora y siempre. Y también un escudo en el que refugiarse sin miedo a prohibiciones, a golpes bajos y a ataques rastreros que impidan atentados a la libertad como el que se produjo en julio de 2010 que terminó con la prohibición del espectáculo taurino en Cataluña, amparado únicamente en el interés político de personas sin escrúpulos y desconocedoras de la verdadera esencia de la Fiesta y de su significado.

Únicamente basados en un falso animalismo sin argumentos. Más de medio millón de avales, de historias personales, de aficionados, de defensores de la libertad, amantes del toreo, de apasionados por el sentimiento taurino? reflejados en más de medio millón de firmas que avalaron la Fiesta y sacaron adelante la Iniciativa Legislativa Popular que va a defender y a proteger el toreo de futuros atentados prohibicionistas. Las firmas ya están en el Congreso, ya están entregadas y también validadas.

La ILP ya es un hecho. Al toreo ya no hay quien lo prohíba ni tampoco quien le tosa. Tiene libertad para seguir soñando embestidas bravas, lances y muletazos de ilusión y de riesgo. Las puertas de los cosos se abrirán para que libremente acuda quien quiera. Barcelona podrá volver a tener toros y las amenazas de Galicia o el País Vasco caerán en saco roto.

Se logró la ILP taurina y con el ella el aval proteccionista. Atrás quedan meses de trabajo, de incertidumbre, de lucha por recoger firmas, de desvelos y de muestras de afición desinteresada, con el objetivo de seguir disfrutando del toreo. Sobre todo, de los aficionados, quienes de verdad dieron la cara por este objetivo. Y de ellos es el triunfo. Atrás quedó la pasividad vergonzosa de los profesionales, el desplante de aquel torero de Valladolid que se negó a firmar en los pliegos, aquel ganadero salmantino que a punto de terminar el plazo de recogida de firmas aún no sabía de qué se trataba, aquellas miradas de soberbia y desagrado de profesionales que se mofaban de quienes se partían el pecho por defender el toreo en busca de una firma, e incluso periodistas taurinos que ninguneaban la labor de los promotores de la ILP mientras eran incapaces de mover ni un solo dedo.

La ILP se ha conseguido, para disfrute de los aficionados y para que los profesionales que dieron la espalda y miraban con soberbia a este movimiento popular sigan teniendo un sueldo que llevarse a sus casas. Se lo deben al aficionado, a ese que sí dio la cara de verdad por la Fiesta de los toros. A los propios profesionales se les debería caer la suya, pero de vergüenza. Y aunque hoy es un día feliz y de celebración, no puedo resistir acordarme de todos ellos, que volvieron a quedar en evidencia.