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HEMEROTECA » |
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Aquella tarde de junio del 98, Chenel cumplía años, muchos, que hacían cada vez más grande el mechón más torero y ponían de manifiesto que el natural más natural y la media más grandiosa no entienden de caducidad, sino todo lo contrario, que ganan con el tiempo y se acomodan para siempre en la retina del mejor aficionado.
Se ha ido Chenel. Se ha ido un torero. Se ha marchado un ejemplo de torería inmarchitable; se ha ido un soñador de toros bravos que adivinaba su comportamiento como pocos. Se ha ido la ronca voz que cada tarde de toros desentrañaba el misterio del toreo con el consejo clave y el comentario oportuno, cada vez menos entendible por el maldito cigarro, pero cada vez más sabio. Le ha matado el tabaco que enluteció un mechón inolvidable. Tal vez fueron sus señas de identidad para reconocer el torero de las distancias, el más puro con el toro bueno y el más sincero con el malo, con el que nunca se supo tapar. Se ha ido el torero de las distancias y los terrenos, el de la muleta por delante, el de la media más pura, el del natural más natural, un torero de lila y oro que reapareció en los 80, para aliviar la carencias económicas y empezar a quitarse años de una torería inmarchitable de quien fue el más "atrevido"a la hora de torear a un toro bueno.
Abandonó el destierro venezolano para volver a vestirse de luces en su Madrid y seguir toreando y encontrar su felicidad en el ruedo de Las Ventas, que fue el suyo.
Porque allí nació y allí creció. Porque allí le velaron y allí le despidieron. Aunque este adiós tiene aires de diferente, como aquel pase del desprecio, poderoso y arrogante; Antoñete se ha ido pero se quedará entre nosotros. Será difícil olvidar su tauromaquia, pero también su voz, sus perlas, sus consejos cada tarde de toros.
La historia de Antoñete comenzó en Salamanca, y así siempre lo quiso recordar sin olvidarse de sus orígenes. "Don Pedro Balañá me vio torear una becerra en el campo y, ni corto ni perezoso, me ofreció debutar con picadores en Barcelona. Tenía una gran imaginación para las cosas del toro. En mi casa guardo algunos carteles donde se puede leer: "Antoñete, el torero descubierto por Pedro Balaña en el Campo Charro". Y Antoñete ya se ha ido, cuando por fin llegan las lluvias al Campo Charro que le vio dar sus primeros pasos y en el que le descubrieron los grandes empresarios. Se ha ido el torero del mechón, el torero aroma de Chenel, el torero de la pureza y de los aficionados más clásicos. Se ha ido un torero de toreros:"Un buen torero. Y, después, todo lo que quieras añadir", así quiso Antoñete que le recordaran. Y así se hará, aunque me da que el peso de su torería eterna podrá más que sus deseos y su estela y sus recuerdos serán mucho más grandes que las de un buen torero que se ha ido en busca de los elegidos.
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