SEGUNDA B

El Guijuelo salva un punto sobre la bocina (3-3)

Los de Fabregat tiraron de corazón para arreglar un mal partido en el que el Pontevedra les había bailado y llegó a ponerse 0-3

19.11.2017 | 21:15
Cabezazo de Jonathan para empatar el partido en el minuto 93.

Emocionante la remontada de los de Fabregat ante el Pontevedra ya que tras ir perdiendo 0-3 consiguieron a base de fe empatar 3-3, pero que nadie se lleve a engaño que la machada solo esconde un horrible partido del Guijuelo durante casi 80 minutos. Evidentemente, es un globo de moral y confianza remontar en la última jugada y salvar un punto perdido pero se equivocaría el Guijuelo si celebra este punto y no hace autocrítica de cómo tuvo que llegar a ese momento épico. Toda remontada llega previa a un desastre inicial y es que para remontar algo has tenido que tirar por tierra antes el partido.

El Pontevedra llegaba a Guijuelo con los mimos puntos que los chacineros, al borde del abismo del descenso, un rival directo de la Liga de los de Fabregat. El Guijuelo debía ganar para salir de la zona baja pero no hubo manera y casi acaba en drama el encuentro.

Minuto 1 y Etxaniz ya había probado fortuna disparando a puerta. El delantero del Pontevedra fue una auténtica pesadilla para la defensa chacinera, y en especial para Jonathan, que llevaba todas las papeletas de ser el villano del choque por sus dos fallos que costaron dos goles pero acabó como héroe tras marcar de cabeza a lo Bakero en Kaiserlauten. No obstante, los de Fabregat comenzaron con una tendencia eléctrica que estaba encandilando al respetable los primeros 15 minutos. Empuje, garra, velocidad con el balón, llegadas al área? Un disfrute. Solo duró el espejismo 15 minutos ya que en el 16 una jugada en el área verde acaba con Algar (sustituto este domingo de Ayala sancionado) cometiendo penalti. Añón lanzó, no engañó a Kike Royo, que muy cerca de pararlo estuvo, pero el balón entró. Se acabó ese Guijuelo eléctrico de los primeros 15 minutos desapareció y todo volvió a ser como gran parte de este inicio de temporada en el Guijuelo. Precipitación, nervios, fallos, muchos fallos, y sin crear ocasiones claras de gol pese a tener la posesión del balón. El Pontevedra entonces comenzó a sentirse cómodo y a la contra hacía que la fiebre subiera en el bloque verde. Añón, Jorge y Kevin estuvieron muy cerca de hacer el segundo antes del descanso pero Kike Royo estaba haciendo su particular partidazo. Ya ni sorprende aunque salve al equipo con intervenciones de póster de carpeta de adolescente futbolero.

El inicio del segundo tiempo también fue bueno del Guijuelo, que volvió a elevar el número de latidos de su corazón volcado en ataque, pero poco a poco fue perdiendo fuerza y el Pontevedra seguía a lo suyo. Robo, dos o tres toques rápidos y Etxaniz ya estaba bailando a Jonathan. El capitán no tuvo este domingo un buen día hasta el minuto 93. Un fallo suyo provoca que quede un balón suelto en el área y Etxaniz en el 62 noqueaba al Guijuelo. La supuesta puntilla, pero este cuento es muy largo. Con los verdes ya rotos en el 72, de nuevo Jonathan llega tarde a un balón que se lo roba Etxaniz y se plantó solo ante Royo y no perdonó. 0-3 y depresión en el Municipal y todas las miradas puestas en el capitán, aunque este se guardaba un as en la manga.

Fabregat era el único que creía en la remontada. Con los cambios (quitó a dos defensas como Algar y Kevin y sacó a Fuster y Suárez) el catalán lanzó un mensaje de que su equipo iba a morir matando en el área rival. Con el 0-3 aplaudía poseído y animaba a los suyos en la banda y hacía gestos indicando la portería del Pontevedra. A por ellos. Dimas captó el mensaje rápido y solo cuatro minutos después del mazazo del 0-3 se marcó un eslalon en el área gallega para hacer el que parecía de la honra pero que era el inicio de algo bonito.

Hasta el 90 parecía el típico arranque de orgullo que acaba en nada del Guijuelo pero Pino marcó el 2-3 en el 90 y Fabregat y la grada olía la sangre de un Pontevedra que estaba en las nubes. Ataques a la desesperada y la última jugada se centró en un saque de esquina. El portero del Guijuelo Kike Royo subió a rematar era la última bala. Balón colgado y Jonathan se elevaba por encima de todos para de cabeza redimir sus pecados y marcar el empate y desatar la locura en el Municipal.

Fabregat nunca dejó de creer, aunque es mejor no forzar tanto y asegurar puntos en casa con más contudencia.

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