Portada del libro “Mientras ella sea clara”, de Carlos Villar FlorClara es una joven santanderina de 26 años que vive con su padre, viudo desde que ella nació. Vitalista y complicada, la chica lleva trece años saliendo con “Míchum”, inocente y beaturrón portero de discoteca, pero eso no obsta para que haya realizado dos nuevas conquistas: Mario Martello, cincuentón de humildes orígenes y posición acomodada, y Pelayo, un madrileño “de sonrisa superferolítica”, apasionado y sensual, que la deslumbra desde el primer día en que se conocen en las playas del Sardinero. Clara hace auténticos malabarismos para mantener la relación a tres bandas, pero el equilibrismo se complica cuando los tres le proponen matrimonio sucesivamente, para la próxima primavera, y ella acepta. Lo primero que llama la atención de la última novela de Carlos Villar Flor es el ingenioso juego de palabras que encierra su título. “Mientras ella sea clara” es un claro ejemplo de calambur cuyo significado puede variar en función del modo en que se agrupen sus sílabas o se interpreten sus palabras. Así, además del sentido original con el que autor ha querido presentar su obra –que, grosso modo, hace referencia a la necesidad de que la protagonista evite caer en la confusión a pesar del embrollo sentimental y existencial en el que está inmersa-, pueden darse otras dos explicaciones para el título. La primera llevaría a interpretarlo como “Mientras ella se aclara”, con lo que aludiría a cómo para el personaje principal de la novela tiene que meditar sobre qué decisión ha de tomar para encauzar su vida. Mientras, la segunda haría leerlo como “Mientras ella sea Clara”, haciendo así hincapié en la personalidad y el destacado papel que tiene en la novela su protagonista. Y es que Clara es el eje a través del que vertebra toda la novela. Aunque en ocasiones otros personajes focalizan la narración, dando así a la obra un interesante, veraz y bien construido multiperspectivismo que hace que el lector pueda ir conociendo todas las aristas de las historia desde diversos puntos de vista, el protagonismo absoluto de la obra recae en una joven santanderina que, en paro después de haber acabado sus estudios, tiene una agitada vida sentimental que le lleva a mantener tres relaciones de forma simultánea. Su complicada agenda, así como los esfuerzos que ha de hacer para que sus tres “partenaires” no se den cuenta del engaño al que están siendo sometidos, se convierten así en la trama argumental de una obra que, sin embargo, es mucho más que una mera novela de enredo. “Mientras ella sea clara” combina resortes de diversos subgéneros narrativos. Hay en ella, evidentemente y como puede deducirse de forma sencilla por su argumento, ecos de la novela sentimental, pero también los hay de la comedia, del realismo social e incluso de la narrativa de intriga o del esperpento. Alocada e incluso surrealista por momentos, la obra presenta una subversión del mundo establecido –excepcional es, en ese sentido, la configuración del personaje de “Míchum”- que le lleva a retratar con grandes dosis de ironía y una más que evidente intención de crítica de la sociedad, y de forma concreta, la sociedad de la ciudad de Santander, escenario de la trama. Podría llegar a decirse, de hecho, que la capital cantábrica se convierte en un personaje más de la novela, no sólo por su condición de marco físico de la historia, sino sobre todo por la descripción de su ambiente social y sus principales estereotipos que Villar Flor –santanderino de nacimiento- lleva a cabo. Junto a esta clave local, la obra también recoge diversos acontecimientos de más reciente pasado español. De lectura ágil y amena, y con un fluido ritmo narrativo, la novela demuestra la capacidad de su autor para, a partir de una anécdota argumental casi inverosímil, construir una historia sólida, con personajes bien definidos y con un atractivo evidente.
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