J.H.D.
La espectacular temporada del Guijuelo ha dejado de ser una casualidad o una simple buena racha. Se ha plantado en el inicio de la segunda vuelta con sus deberes casi hechos y es por algo. Los aficionados se preguntan por qué UDS y Guijuelo se han intercambiado sus teóricos papeles. Por qué la Unión marcha detrás de un club con menos estructura, presupuesto, masa social y, en teoría, menos calidad.
Es evidente que el Guijuelo, dentro de su modestia, ha hecho las cosas con más efectividad.
Sin apenas estructura deportiva, pues el equipo lo han construido entre presidente y entrenador -le sobran los consejeros, los accionistas y los directores deportivos- han tenido claro desde el inicio qué querían y lo han fichado relativamente pronto. Idiakez comenzó a trabajar y desde el primer día las sensaciones con el nuevo técnico era muy positivas, aunque los resultados no llegaron pronto, pero la ausencia de presión les permitió tener paciencia hasta que aparecieran los frutos.
La historia en el Helmántico es la opuesta. Desde que el equipo descendió de categoría y Pascual anunció su dimisión hubo incertidumbre sobre quién le sustituiría, quién sería el entrenador o qué jugadores llegarían. La temporada se ha planificado tarde y con demasiadas personas opinando de por medio, lo que ha ralentizado el proceso.
Fichajes ´hechos´ como los de Amarito, Diego León, Katxorro u Álvaro Valdés se truncaron por diversos motivos. Fallaron las primeras opciones en muchas líneas y el equipo formado no marca diferencias en la categoría.
La figura de Balta estaba desgastada por el descenso y la afición no estaba dispuesta a esperar. Se empezó mal y la paciencia duró un suspiro: tres jornadas y el ambiente fue irrespirable, sobre todo, en casa. A partir de ahí, todo fue hacia abajo.