EXPOSICIÓN

José Almeida, artista y médico jubilado: "Disfruto dibujando, pero me cuesta encontrar el color"

El Casino inaugura una exposición antológica del médico salmantino | Se muestran 86 obras más los libros publicados por el artista

24.06.2017 | 09:25
Almeida, entre "Olivos" y su "Homenaje al VIII Centenario".

José Almeida Corrales (Salamanca, 1931) reúne en una exposición antológica en el Casino 86 pinturas y dibujos. Médico jubilado, cursó Bellas Artes entre 2002 y 2007, una experiencia que le rejuveneció.

–Ha sido médico y quiso estudiar Arquitectura.
–Desde los 13 años quise ser arquitecto, cuando hice el dibujo de las fábricas de Béjar que se incluye en la exposición. Y fue porque vi trabajar a un aparejador. Mi padre era un modesto contable en una fábrica de harinas de Gomecello y cuando aprobé la Reválida, un tío mío ideó un plan rocambolesco. Me matriculé en Derecho para ir a las milicias universitarias pronto y a la vez preparaba una oposición para Contadores de Hacienda. En el supuesto de sacar plaza, iría a Madrid a estudiar Arquitectura. Gracias a Dios, me suspendieron en el segundo ejercicio de la oposición. De haber aprobado, no hubiera sido médico, una profesión con la que he tenido una vida plena.
 
–Y estudió Medicina.
–Entonces solo se podían estudiar en Salamanca cuatro carreras: Derecho, Ciencias, Letras y Medicina. Y pronto me entusiasmé con la anatomía, la morfología del cuerpo humano... Y también me incliné por la cirugía del aparato locomotor porque quería ser traumatólogo. Siempre me he considerado un arquitecto del cuerpo humano y un buen día vi en la plaza de España el letrero "Clínica de Traumatología del Doctor Ferrer". Ni corto ni perezoso me planté allí y le conté mi proyecto. Y tuve la suerte de que Miguel Ferrer fuera un  mecenas del arte. A él le gustaba decir que a mí me envenenó de arte. En parte es verdad. Vi personalidades del arte, como Díaz Caneja o Menchu Gal, que pasaron por allí como contertulios.
 
–Ejerció como médico durante toda su vida profesional.
–Ejercí como médico general en Alcuéscar, en Extremadura, donde encontré a mi mujer Charo, con quien he tenido ocho hijos. En Alcuéscar me relacioné mucho con gente del arte y descubrí una iglesia visigótica impresionante, Santa Lucía del Trampal, de la que pinté un óleo. Luego fui a Madrid a estudiar la especialidad de Traumatología y en 1963 me establecí en Salamanca, donde los cirujanos me decían que cómo iba a vivir solo de los huesos.
 
–Una vez jubilado hizo Bellas Artes, a los 70 años, y rejuveneció.
–Totalmente y saqué el título. Aprendí mucho de mis compañeros. Tuve la fortuna de encontrar como profesor de dibujo a Fernando Segovia, que me animó mucho. Y realicé un proyecto de dibujo que fue el boceto del libro dedicado a la Salamanca monumental. Como más a gusto me encuentro es dibujando. El dibujo rápido, de línea segura, es el que me gusta. Disfruto dibujando y sufro pintando. Me cuesta encontrar el color. 

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