FONDO SUR

Qué bonito fue y será

La versión brasileña de España ha sido la de un equipo lento, acabado, sin rumbo, carente de alma.

19.06.2014 | 14:08
Qué bonito fue y será
Qué bonito fue y será

La versión brasileña de España ha sido la de un equipo lento, acabado, sin rumbo, carente de alma. La veda contra Del Bosque llevaba abierta un tiempo, pero ahora hay algo a lo que agarrarse para llamarle marqués con retintín. Así somos. Ha llevado a un par de futbolistas con un pie en las ligas de Estados Unidos y Qatar, ha situado como titular a un guardameta al que le ha faltado mucha portería este curso, ha metido con calzador a un delantero que ha llegado agotado al campeonato y ha esperado ilusamente que los jugadores que levantaron una copa tras otra siguieran haciéndolo. Posiblemente, los últimos títulos ganados han saciado a una generación irrepetible. No de forma consciente, pero cuando uno se sienta en el trono del mundo tiende a la autocomplacencia, mientras sus rivales muerden por desbancarle. Así ha sido desde siempre y este rey ni siquiera ha podido defender su corona. La ha perdido sin más, sin dar patadas de rabia, con una naturalidad que puede confundirse con la displicencia. En definitiva, con deportividad.

En Brasil ha terminado un ciclo. Xavi, Villa, Alonso, Torres ya son el pasado. Alguno como Iniesta o Casillas quizás sirvan de enganche con la siguiente selección. Y otros como Ramos, Piqué, Busquets o Silva están llamados a convertirse en los nuevos veteranos, los encargados de contarles a Koke, Thiago y los que vengan lo que cuesta bordar una estrella en una camiseta. El apagón de la selección ha coincidido con el del Barça y, sobre todo, con el de Xavi. Hay quien dice que Pirlo tiene un año más y aún ejerce como líder de Italia. Olvidan que cada cuerpo tiene un reloj distinto y, sobre todo, olvidan que su juego ha guiado a España hacia metas que nadie podía imaginar.

Los niños nacidos en torno al año 2000 sólo han visto ganar a su selección. Por eso, comprendo la decepción en un momento de sus vidas en el que conocen a cada jugador, tienen sus cromos y en el recreo juegan a ser ellos. La memoria futbolística la irán perdiendo poco a poco. Lo digo por experiencia. Soy capaz de recordar a todos los equipos del Mundial del 82, los resultados y aquel equipo de Santamaría, que sin la ayuda de los árbitros habría caído en la fase de grupos. Entonces, queríamos que ganara España, claro, pero cuando usábamos las mochilas como postes en el parque no nos pedíamos a Tendillo, Saura o Juanito. Sólo Arconada tenía la categoría de ídolo para unos niños a los que nuestros padres nos habían hablado de los goles de Zarra y Marcelino, de una selección en blanco y negro que tampoco ganaba. Por eso, en aquellos partidos éramos Kempes, Rossi, Platini, Rummenigge. Igual que antes otros niños se pidieron a Pelé, Charlton o Beckenbauer y después soñaron con ser Maradona, Matthäus o Romario. Por eso, os envidio niños del siglo XXI, porque os habéis tirado en busca de un balón imposible como si fueráis un chico de Móstoles, porque habéis dado un pase imposible como si hubiérais nacido en Terrassa, porque cuando habéis marcado un gol a las 11:29, a punto de sonar el timbre que os devuelve a la clase de Matemáticas, os habéis quitado la camiseta aunque debajo no llevarais un mensaje para Dani Jarque. Y eso no os lo quita nadie, ni a vosotros ni al resto.

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