FONDO SUR

Vendaval blanco

¡Vaya Madrid! Serio, fuerte, preciso, brillante y la lista de calificativos no se acabaría nunca después de la goleada en Munich.

30.04.2014 | 20:27
Sergio Ramos celebra uno de sus goles.

Un equipo rotundo, que ha derribado al líder de la Bundesliga y actual campeón de Europa con fútbol y una velocidad de vértigo, que acompaña al equipo blanco desde que tengo memoria.

Resulta curiosa la identificación de la camiseta con una serie de valores que sobrevuelan por encima de tácticas y entrenadores. Igual que el Atlético es siempre rocoso y veloz al contragolpe, de la misma forma que el Barça para ganar necesita jugar muy bien porque en cuanto su fútbol flaquea un poco se descose, el Madrid es demoledor en la victoria y mientras hay partido, hay Madrid. Da igual que lo entrene Beenhakker, Valdano o Mourinho... una Liga, una Copa y una Supercopa en tres años.

Esto último lo digo para los que defendían a ultranza al posiblemente buen entrenador, además de malencarado personaje, que pisoteó la imagen del club de Del Bosque, Butragueño o Raúl. Y lo hizo con el aplauso de muchos. Tu dedo nos señala el camino, decían, y resulta que en apenas diez meses un entrenador que no insulta a nadie, ni denuncia conspiraciones paranoicas, ni se cree el centro del mundo, ni se atrevería por vergüenza a comparar su excepcional palmarés como técnico y como jugador con el del club al que dirige, que antes y después de Ancelotti seguirá siendo el más laureado en Europa, levanta la Copa del Rey, mete al equipo en la final de la Champions League y pelea por la Liga. Y lo hará hasta el final, sabemos del gen competitivo merengue.


Está claro que con el presupuesto que maneja el Real Madrid cualquier cosa que no sea estar en semifinales de la Champions y ganar Liga o Copa en España, se considerará un fracaso. Es el mismo caso del Barça o el Bayern y también de otros. Pero hay que hacerlo y el Madrid lo ha hecho. Casillas, Ramos, Alonso, Ronaldo, la columna vertebral de un equipo que ha derrotado de forma clara a Pep Guardiola. Y no es baladí porque el catalán es un fenómeno, un entrenador sensacional que haga lo que haga en el futuro, tiene un hueco en el disco duro del fútbol, ése del que emergen las imágenes de la Hungría de Puskas, del Madrid de Di Stéfano, del Brasil de Pelé, del Ajax de Cruyff o de su Barça de hace unos años. El mismo disco duro en el que cuesta encontrar una imagen que merezca la pena de equipos que ganaron y fueron olvidados. ¿Quién se pide en el recreo ser la Grecia de la Eurocopa de 2004 o el Inter campeón de Europa en 2010? Ni los más burros de la clase.

Por todo esto, he visto al Madrid en silencio, sin la voz de los narradores y comentaristas, sin ver ni escuchar una sola ¿tertulia?, sin oír a los forofos del micrófono. Imagino, por lo que me ha llegado a través de las redes sociales, que se habrán reído de que el Bayern dominó la posesión del balón y no le sirvió de nada. Muchos de ellos se pintaron la cara de rojo y amarillo en 2008, 2010 y 2012 para celebrar los títulos de una selección nacional, que sin el balón no es nada. Pero eso qué importa, la coherencia no es frecuente en la prensa deportiva. Dejando de lado a los voceros, enorme este noble y bélico adalid que juega a la velocidad del rayo.

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