PRECARNAVAL

El Bolsín Taurino cuelga el cartel de 'no hay billetes' para la final

Alejandro Mora y David Salvador protagonizan los momentos más intensos y toreros de la prueba definitiva del Bolsín Taurino

01.02.2016 | 10:14
El Bolsín Taurino cuelga el cartel de 'no hay billetes' para la final

Alejandro Mora ya ha echado raíces charras y él fue el encargado de desperezar la tarde nada más comenzar. Y David Salvador la cerró con la autoridad de quien se siente triunfador desde ya varios tentaderos. Entre un salmantino y medio anda el juego; ahí están las apuestas con ventaja para el torero de La Fuente, que ayer salió más tarde que ninguno, el último, y toreó francamente bien con la mano izquierda a un eral importante pero con mucho que torear, que exigió firmeza, garra y temple al mismo tiempo; poderle sin asustarle, aguantarle el primer envite, bajarle la mano después y no quitarle la muleta de la cara; llevarlo sometido y empapado y tirar mucho y largo de él. Lo hizo de primeras Salvador que le puso garra, verdad y asiento, después de que ese mismo eral le hubiera sacado los colores al toledano Ignacio Olmos. Las dudas de este hizo que se vieran las claves del animal y también todo el mérito de Salvador que en ocasiones corrió la mano izquierda con excelencia, tirando largo del bravo novillo de Asensio en largos naturales, en el que el eral respondió con franqueza.

Ya casi con la noche encima, la gente se fue con esa sensación y recordaba aún la torería, la firmeza, la garra y el temple de Alejandro Mora; que en el imponente y cuajado torete de Sánchez Herrero estuvo inteligente y torero. Había naufragado Diego Aznar, que no supo administrar la calidad del ´rabosón´ novillo sin lograr mantenerlo en pie y saborear la dulzura de sus embestidas. Esas cualidades las cató Alejandro Mora antes de entrar en acción y en cuanto saltó al ruedo las aprovechó. Teoría y práctica. Ante la debilidad de su oponente, toreo en linea y a media altura, suavidad en los muletazos y cadencia. Sujetó al novillo y también lo gozó. Le imprimió carácter y personalidad, casi lo acarició y le apretó en el momento justo. A él no le se cayó el toro y en cuanto pudo salió vencedor del envite; porque encima le imprimió la personalidad que le faltó al resto de sus compañeros y rivales.

Con el noble, flojo y dulce eral de Mercedes Pérez Tabernero, de preciosa lámina y hechura, destacó más que nunca en todo este certamen otro salmantino, Raúl Montero, que ha ido pasando las rondas sin hacer demasiado ruido y ayer ofreció su mejor versión. Por el temple, el largo trazo y también el pulso con el que administró aquellas docilísimas embestidas del eralote de El Villar, con el que José Bonilla no pasó de técnico y correcto, pero sin llegar al público.

Si hubo un novillo bravo en todo el tentadero ese fue el de El Sierro, en la nueva versión de la ganadería, con sus productos de Jandilla vía García Jiménez. Bravo y codicioso y de salida, con gran galope y entrega en los emotivos encuentros con el caballo, para llegar con calidad, transmisión y embestidas codiciosas y humilladas en la muleta. Un gran astado que puso el triunfo en bandeja; y quien lo aprovechó fue otro de los novilleros que más regularidad ha marcado en el certamen; el madrileño Jaime Casas, que por segundo año consecutivo llegaba a la final de este certamen. Corrió bien la mano, poderoso y asentado, oficio bien aprendido y buena capacidad para llegar al público. Antes que él Jesús Ángel Mejías (de Almorox) no había encontrado acople y le faltó temple, aunque se centró y ofreció una mejor y más reunida versión en la segunda aparición.

Si hubo un novillo espectacular y emotivo en el caballo ese fue el imponente, cuajado y gigantón de Aldeanueva. Y si hubo uno peligroso y complicado en la muleta también fue éste. Jugó en su contra que descubrió pronto al torero, porque el madrileño Rodrigo Almarcha no lo vio claro y se vio desbordado, el novillo se hizo el amo de la plaza e hizo pasar las de Caín a él y también a Fernando Plaza, que dubitativo y desconfiado al principio, se plantó firme después para jugársela sin trampa ni cartón. Por bernadinas jugó a una ruleta rusa en la que tenía todas las de perder; aunque al final salió a su favor una entrega sin límites. No tan complicado como el de Raboso fue el de Manolo Gimeno, que tampoco lo puso fácil; fue bravo y emotivo, pero nada sencillo porque acudía con ímpetu pero apretaba y reponía con agilidad felina y fue arduo. No supo controlar la situación al principio Cristóbal Reyes (de Jerez) y le dejó todo un regalito a su compañero Tomás Rufo (de Pepino, Toledo), que anduvo con solvencia para imponerse a la dificultad. Así se llegó al último capítulo, ya casi entre tinieblas, y con David Salvador marcando la ´x´ de las quinielas de casi todos.

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