LA VIDA EN EL CAMPO

El cabrero, una profesión en peligro de extinción en Salamanca

VÍDEO: Tomás acude a buscar a las cabras para el careo, las llama con su voz y agita una encina. Su última alegría fue encontrarse dos cabritos recién nacidos

07.11.2017 | 11:23
Tomás agita una rama de una encina.

Tarde de sábado, Tomás sacó a las cabras esa mañana pero vuelve por la tarde al careo. Agita una encina para llamarlas y grita: todas vienen, pero a lo lejos ve a una que se ha quedado enredada en el cercado. Cuando se acerca, descubre con sorpresa que a su lado hay dos cabritillos recién nacidos, que se apresura a recoger.

"Ahora los llevo para ver si encuentran a la madre, porque si no se les da ya de mamar se les enfría la boca y luego ya no hay nada que hacer", comenta Tomás. "Ha habido suerte, porque estos habrán nacido hace un cuarto de hora o media hora como mucho".

Tomás busca entre las cabras y después de mirar varias, agarra a una: "es joven, no les habrá dado de mamar mucho, porque si es cabra grande los quiere más. Estos todavía están manchados porque no ha acabado de lamerlos".

Tomás sujeta a la cabra y pone a los cabritos a mamar. "No le han quitado el tapón de la teta, así que no han mamado. Menos mal que llegamos, porque según está el tiempo nos los habríamos encontrado engarañados. Los cabritos no son como los corderos, que enseguida se agarran; el cabrito es muy torpe para esto. Cuando a un ganadero le nacen 40 ó 50 cabritos en un día malo de frío en el campo, pues está todo el día así, poniéndolos a mamar. "Esto a lo mejor un joven dice, ´ya mamarán solos´ y no: las cabras de primer parto no suelen ser muy querenciosas", dice.

Cuando terminan de mamar, "¿ves qué espabilados se han puesto? Si parecen otra cosa...". Tomás agarra una cuerda y se dispone a atarlos. "Si hubiera traído el burro los metía en las alforjas y ya los llevaba así todo el camino, pero como hacía malo"...

Total, que ata a los cabritos, los pone sobre el hombro y se dispone al "careo" con las cabras. "Si no salen a su hora, se impacientan y se ponen hasta a pegarse". Está a 3 kilómetros del pueblo y llevará así los cabritos durante las 3 ó 4 horas qué esté por el monte. "Ahora se duermen", dice. "Las cabras son muy torpes, por eso no las quiere nadie". "Hoy verdaderamente ha habido suerte", dice.

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