AYUDA

Donde el burro sigue siendo protagonista

Bogajo se ha convertido en una de las pocas localidades de la provincia donde todavía es habitual ver por sus calles y caminos a vecinos montados en sus asnos

24.11.2015 | 12:02
Francisco y su burro ´Moro´ con Rodrigo, un joven de Bogajo.

La irrupción de la maquinaria agrícola en el campo ha relegado a los burros hasta casi su desaparición. La profesionalización del sector donde cada vez son más necesario los tractores y las mastodónicas cosechadoras, les han convertido en una especie en extinción en el día a día de agricultores y ganaderos, que hoy necesitan de muchos caballos (pero esta vez de potencia) para sacar adelante sus quehaceres diarios.

A pesar de haber prácticamente desaparecido en muchos pueblos de la provincia, todavía hay algunas localidades donde aún pueden verse ayudando a sus dueños, ajenos completamente a lo que se han convertido: un artículo de lujo.

Es el caso de Bogajo, en la comarca de Vitigudino, donde todavía es habitual encontrarlos en calles y caminos llevando a sus dueños de un lado para otro. "Podríamos decir que Bogajo se ha convertido en un reducto para los burros", asegura Javier Castro, alcalde de la localidad, y el primero en "dar ejemplo" con los dos ejemplares que tiene. "Los tengo porque me encantan. De hecho me gusta pasar tiempo con ellos porque solamente con verlos se me quita el estrés", asegura entre risas.

Curiosamente, no es el único vecino que ha formado parte de la Corporación municipal en declararse un apasionado de estos animales. Y es que también es muy habitual ver al antiguo teniente alcalde del pueblo, Francisco Sánchez Calvo, montado en uno de ellos. "Habrá todavía como una decena de vecinos con burros en el pueblo, incluso todavía hay alguno que los usa para ir a echar de comer a las vacas y les pone hasta un carrito para llevar mejor las cosas", explica el regidor.

Y es que si de algo pueden presumir los habitantes de Bogajo es del estrecho vínculo que siempre les ha unido con estos animales. De hecho, no solo eran el medio de transporte más utilizado por los vecinos -que los utilizaban para ir al caño a llenar las aguaderas, para llevar comida a quienes pasaban el día en el campo o para cargar la leña con la que pasar el invierno- sino que además centraban buena parte de la diversión en el pueblo cuando los mozos organizaban carreras con ellos.

El mejor representante del legado de Bogajo como el paraíso del burro es, sin lugar a dudas, Francisco Sánchez Calvo, un vecino septuagenario de la localidad. Cualquier habitante del municipio confirma su gesta diaria, recorriendo el pueblo a lomos de su querido burro.

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