De el tejar a 'Maestro herrador'

Recordando a Salustiano González Sánchez, todo un luchador

21.10.2015 | 21:34
Salustiano González Sánchez, vecino de Villaflores.

El señor Salustiano González Sánchez (murió a los 101 años de edad) nació en Villaflores y como ya era norma, una vez que se pasaba por la escuela, había que ponerse a trabajar en serio en las faenas agrícolas haciendo las veces de "mozo chico" en casa grande, pues era la única salida posible en el pueblo. Y allí estuvo hasta que entró a trabajar en el tejar del señor Lorenzo, en un trabajo distinto a la agricultura, pero sumamente sacrificado y monótono. La temporada empezaba desde primeros de abril a últimos de septiembre empezando por ir a buscar la tierra hasta el río -por aquel entonces pleno de agua- que era como "la esencia de la tierra", que era como nata y que había sido arrastrada por los turbiones.

En la pila redonda de suelo empedrado se echaba el barro a reposar y luego una caballería lo pisaba para poder ser elaborado. Con palas viejas -empolvadas con ceniza para evitar que el fino barro arcilloso se pegase a ellas- se pasaba el barro a otra dependencia para su elaboración definitiva.

Aprovecha el señor Salustiano una pausa en la conversación para darme el nombre singular de los utensilios sencillos que se empleaban para hacer los ladrillos y tejas: "mercales" para ladrillos "agarradilla" para las tejas el "rasero" y el "galápago". Las tejas se secaban al sol y posteriormente se pasaban al horno, una operación sacrificada y que era un rito, pues en las diez jornadas que se hacían por temporada había que meter en él y a mano ¡nueve mil piezas!... Se enrojaba el horno con paja de los cereales, de los muchos que se cosechaban en el pueblo; los ladrillos se ponían abajo y arriba las tejas. En definitiva, de 28 a 30 horas seguidas de trabajo y sudor. El precio de las tejas era de diez pesetas el ciento y el de los ladrillos cinco.

Se ríe Salustiano cuando le pregunto: "¿Es cierto que muchos vecinos y forasteros acompañados por niños iban al tejar cuando el humo salía del horno, pues les había dicho que se curaba la tosferina?" ... Y me contestaba, cachazudo y filosófico qué iba bien€¡otra cosa era la curación!.

Desde el año 1936 hasta 1965 el señor Salustiano estuvo en el Ejército como Maestro Herrador, pero esto es una larga historia. Hoy es la hora del paseo de tarde hasta los pinares y para él es sagrado. Estoy seguro que en este recorrido, vendrán a su privilegiada memoria aún, muchos aconteceres de su dilatada vida de trabajo; primero en la agricultura, luego en el tejar y posteriormente como Maestro Herrador en el Ejército. Siempre fue un gran luchador.

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