ENTRE TÚ Y YO

España no es Grecia

En España hemos hecho de la queja un estilo de vida y ahora hasta un partido político, pero de ahí a que gobiernen los radicales va un trecho

13.02.2015 | 19:12
Alexis Tsipras y Syriza.

Cada vez son más los ciudadanos inquietos por el auge de populismo y la extensión a España de lo acontecido en Grecia; que un partido de izquierda radical gobierne nuestro país. Algo que me aventuro a decir que en España no va a suceder por lo que más tarde explicaré. Nos asustan las proclamas de quienes no respetan la propiedad privada, nuestra unidad territorial, o la condena del terrorismo. Todo ello desde la admiración a regímenes totalitarios como Cuba o Venezuela. Me pregunto qué tiene que copiar España de países donde no están garantizados los servicios públicos, donde se produce el desabastecimiento de productos básicos o donde se persigue a los disidentes.

El populismo ha desarrollado un mensaje a medida del español que se queja. Está calando la visión negativa de nuestro país en un momento de pesimismo nacional, aderezado por la intención de acabar con esa "casta" que ha sido culpada injustamente de todos los males de nuestra generación. En la lucha de "lo nuevo" contra lo viejo, de "los de abajo" contra los de arriba, siempre es más fácil culpar a los demás de nuestros propios fracasos que asumir nuestros fallos. Eso es muy español y "los pablemos" lo saben.

Pero no es verdad que ellos sean de abajo o que sean lo nuevo. Son viejos conocidos quienes se movilizaron una jornada de reflexión ilegalmente o quienes ya se peleaban en universidad bajo el yugo y la flecha del comunismo. Tampoco son de abajo si reciben becas por no hacer nada, quienes cuentan con contratos millonarios por asesorar a regímenes totalitarios o regentan empresas que defraudan a Hacienda. Pero no pretendo aquí desacreditar a un partido que está siendo ridiculizado todos los días en las redes. Eso no vale. No sólo.

La España sensata tiene que tomar conciencia de la situación y pasar a la acción. Tenemos que valorar la estabilidad de la que gozamos y desacreditar estos nuevos movimientos que pretenden radicalizar la situación política de España. Los grandes partidos, y me preocupa especialmente el mío, el Partido Popular, tienen que explicar dónde estamos y de dónde venimos. Cambiando el mensaje y la forma. Tienen que aflorar de una forma entendible las bondades de nuestro país y el cambio que hemos logrado; de la crisis a la recuperación.

Con nuestros defectos, somos uno de los países con mayor renta per cápita de mundo, con una sanidad pública envidiable, una protección social avanzada y unas empresas que consiguen contratos clave en el extranjero. Esto ni se defiende ni se explica sólo. Como tampoco se defiende sola la democracia. Si costó mucho trabajo conseguirla hay que hacer lo propio por mantenerla. La izquierda es hoy quien copa muchas asociaciones, manifestaciones, y radicaliza y distorsiona el debate, cargando contra el sistema, que es cargar contra la democracia. Pero es el ciudadano medio, esa mayoría silenciosa, quien tiene que luchar porque su voz sea la más escuchada. Los defectos, que sigue habiendo y muy graves, también se solucionan tomando cartas en el asunto y cortando de raíz el problema.

En esta labor necesitamos a todos. Necesitamos, sobre todo, que los ciudadanos tomen conciencia de lo que nos estamos jugando. Las opciones responsables nos van a garantizar la estabilidad que puede echar por tierra el populismo. Para no hacer temblar los cimientos de nuestra sociedad los ciudadanos debemos pasar de preocuparnos a ocuparnos. Ahora que la economía remonta debemos dar un voto de confianza y dejar los lamentos para otro rato. Si lo conseguimos vienen años muy buenos para España.

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