ENTRE TÚ Y YO

Los límites de la libertad de expresión (Charlie Hebdo)

Opinar y burlarse de las creencias religiosas son cuestiones diferentes

13.01.2015 | 16:40
Imagen de los dos terroristas abatidos y de Policía francesa.

El pasado 7 de enero dos terroristas irrumpieron a tiros en la sede de la revista francesa Charlie Hebdo como venganza por la publicación por parte de la revista de caricaturas de Mahoma, hecho que les originó ser el blanco de las iras de parte de mundo islámico radical. El resultado fueron doce muertos y los terroristas islámicos (hermanos Kouachi) abatidos días más tarde por la policía.

Desde la condena del terrorismo como primera premisa, me gustaría plantear un breve debate a raíz de lo sucedido en Francia. En especial me parece interesante plantearnos qué anteponemos; si importa más la libertad de expresión o el respeto a las creencias religiosas; y si existe alguna forma de conciliar ambas. Por un lado, la libertad de expresión, tal y como la entiende actualmente nuestro sistema, es poderosa y se respeta siempre y cuando no atente contra la seguridad o intimidad de las personas o incurra por sí misma en otra falta o delito (principalmente injurias, calumnias o delitos contra el honor).

Pero por otro lado, la religión en muchos países y culturas es un hecho vital intrínseco a la persona, tan ligado a ella que efectivamente muchos están dispuestos a dar la vida por ella. En especial si afecta a los pilares más básicos (se considera a Dios como creador del universo). Yo defiendo la vida y la integridad de las personas; nadie tiene derecho a matar y bajo ningún concepto es defendible lo sucedido en París. Son hechos que, como sociedad, tenemos que condenar y sobre todo evitar.

Pero desde mi defensa de la libertad me pregunto hasta qué punto es correcta la actuación de la revista francesa. Todos tenemos derecho a la libertad de expresión en una democracia, pero también somos responsables de hacer uso de ella de manera respetuosa, en especial en aquellos ámbitos tan sensibles como las creencias religiosas. Opinar y burlarse de las creencias religiosas son cuestiones diferentes. El respeto y el pluralismo también son valores superiores y debemos tener en cuenta que para otras personas y culturas la religión es algo sagrado.

En nuestra cultura existen valores más sensibles que la religión, pero no por ello más importantes, que hubieran sido motivo de rechazo de la opinión de un medio de comunicación. Si la revista francesa hubiera cargado contra la igualdad de género, contra otras razas o contra la sexualidad de las personas, la sociedad en su conjunto y la opinión pública y publicada hubieran rechazado de plano las publicaciones por ser irrespetuosas, pero no ha sucedido así cuando el objeto han sido iconos religiosos. El fanatismo nunca es deseable; no parece correcto situar la religión por encima de todo sin límites, pero tampoco creo que la libertad de expresión sea "todopoderosa" y se pueda permitir el lujo de atacar otros valores sin un fin digno de protección (más allá de la sátira).

Los recientes atentados de París han tenido su causa en el fanatismo religioso, en este caso de tipo Islámico, pero probablemente muchos estarían dispuestos a ver la otra cara de la moneda si las caricaturas famosas hubieran puesto sus miradas en la religión católica, más asociada a nuestra cultura. Nadie defendería un acto terrorista, pero alomejor tampoco defenderían la falta de respeto de un medio que ataca una religión sin un fin informativo ulterior. A colación de esto cabe recordar las caricaturas de Charlie Hebdo, revista satírica francesa autodenominada atea y de izquierdas, sobre la Virgen o sobre Jesucristo, que quizás no causaron tanto revuelo pero que fueron tan hirientes como las islámicas.

En definitiva, es horrible lo sucedido en París; un atentado contra la libertad que tenemos que condenar, pero quizás debamos plantearnos si existe algún límite a la libertad de expresión que la concilie con el respeto a otras culturas. Descansen en paz los fallecidos y mi solidaridad con el pueblo francés.

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