ENTRE TÚ Y YO

Acabar con la corrupción

Este lunes eran detenidos 51 cargos públicos que podrían haber cometido delitos dentro de la denominada "Operación Púnica"; todo un nuevo bochorno para la política española

28.10.2014 | 17:54
Francisco Granados. |EP

¡Basta ya! es lo primero que tenemos que gritar aquellos que aún creemos en el honesto servicio público. Los mismos que nos llevábamos las manos a la cabeza este lunes cuando comprobábamos la detención de hasta 51 personas afectadas por un nuevo caso de corrupción. Se trata de una trama delictiva y organizada de cobro de comisiones a cambio de adjudicaciones irregulares de obras. Es decir, y en Román paladino, cargos públicos se han llevado dinero por favorecer que una empresa se encargase de las obras de su Ayuntamiento.

Lo primero que hay que mostrar es la más absoluta de las condenas y la petición de las explicaciones más claras tanto a estas personas como a los responsables políticos de que ellos estén ahí. Estamos hablando de personalidades de la talla del que fuera número dos de Esperanza Aguirre, Francisco Granados, del Presidente de la Diputación de León, o varios alcaldes de Madrid de municipios tan importantes como Parla (PSOE), Valdemoro o Collado Villalba (ambos PP). A muchos españoles les gustaría escuchar al más alto representante de los ciudadanos condenando los hechos y explicando qué medidas vamos a emprender como país. Es una buena forma de tomarnos en serio el problema y pedir perdón a todos los que honestamente se dedican al servicio público.

Ha llegado el momento de plantearse qué está fallando. Estos casos se producen por la sensación de impunidad de una serie de personas que vienen a la política a aprovecharse, en lugar de a servir a los demás. Por culpa de unos pocos, las instituciones están tan manchadas que los ciudadanos son incapaces de creer a sus representantes. Por no hablar del agravio a miles de cargos o simples militantes que aportan lo que pueden para ayudar a sus vecinos, de forma altruista.

A grandes problemas, grandes soluciones:

Si bien es difícil acabar por completo con la corrupción, es necesario introducir cuanto antes medidas de control y regeneración que estrechen el círculo a toda esta mafia. Es necesario un exhaustivo control y fiscalización de las cuentas de los Ayuntamientos, fundaciones aparejadas y Comunidades Autónomas, en especial de las adjudicaciones de obras, que por supuesto tienen que ser públicas.

Además, es necesario evitar los abusos de poder. Estos desmanes producen esa sensación de privilegio e impunidad que conduce, por poner un ejemplo concreto, a que Rodrigo Rato entienda una tarjeta de crédito ilimitada como "parte de su sueldo" con el que consumía bebidas alcohólicas y casas de citas. Por eso es conveniente prohibir la presencia de cargos públicos en bancos y cajas de ahorro, así como introducir la limitación de mandatos en España. No hay nada más renovador y regenerador que impedir que la misma persona esté más de ocho años en un cargo o más de, por ejemplo, doce años en el servicio público.

Hay que introducir reformas procesales y penales. De una vez por todas es necesario ponernos en manos de los expertos en la materia e introducir una serie de medidas que proponen para estrechar el círculo a la corrupción. Desde mi punto de vista sería conveniente agilizar, si la seguridad jurídica lo permite, los procesos en casos de corrupción para que los ciudadanos no tengan la sensación de dilación en el tiempo. No hay mejor ejemplo de lucha contra la corrupción que la foto de un corrupto en la cárcel.

En segundo lugar es necesario establecer el momento a partir del cual hay que apartar a un político de su cargo por ley. Probablemente la apertura del juicio oral, de tal manera que los indicios de delito sean claros y quede preservada la presunción de inocencia. Hay que endurecer las penas para los delitos de corrupción y establecer mecanismos para que salgan a la luz todo tipo de prácticas ilegales. Medidas que van desde la cooperación internacional, judicial y bancaria hasta el control de los paraísos fiscales (como el suizo). No hay que olvidar sonados casos de corrupción en Andalucía bajo gobierno socialista, que nos conducen a estrechar el círculo sobre las subvenciones públicas y controlar más a sindicatos, muchas veces tentados a actuar a favor del partido que más dinero les concede.

Asimismo, y pasando de la responsabilidad jurídica a la responsabilidad política, debemos establecer sistemas claros y obligatorios de rendición de cuentas, para que la transparencia pase de los discursos de los políticos a la realidad más palpable de las administraciones. Sería el comienzo para recuperar la confianza en las instituciones y los políticos honrados, esos que entre todos tenemos que sacar a la luz, que son la mayoría.

Y sin duda las personas más indicadas para exigir todas estas reformas somos los jóvenes. Un colectivo que, aparte de ser renovador en sí mismo, cuenta con la formación y las ganas suficientes para emprender los cambios necesarios. Una transformación, eso sí, pacífica y tranquila, desde el acuerdo y la legalidad, pero sin esperar a que ningún movimiento ni violento ni populista acabe con una democracia que tanto nos ha costado conseguir. Esta democracia es necesaria, pero tenemos que depurarla y mejorarla entre todos.

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