ENTRE TÚ Y YO

No es culpa de los políticos

Padecemos una crisis que ha afectado con más virulencia a nuestro país. Las causas son variadas, pero España cuenta con peculiaridades que nos hacen diferentes

02.12.2013 | 11:24
Imagen del Congreso de los Diputados. | EP

España es de los pocos países que, a pesar de señalar a los políticos como uno de sus problemas, confía en los mismos políticos para arreglar la situación. A menudo somos generosos para cargar culpas en los demás, pero perezosos para emprender las soluciones por nosotros mismos. Desde muy pequeños aprendemos a decir que "hemos" aprobado el examen (nosotros) pero por el contrario "nos han" suspendido (el profesor). Por eso, si indagamos en la forma de ser de nuestra sociedad descubrimos deficiencias que nos llevan a opinar que no todo es culpa de la denostada clase política.

Como sociedad y en general, estamos dispuestos a disfrutar de los derechos sin hacernos cargo de las obligaciones. Por eso somos reivindicativos y algunas manifestaciones suelen tener éxito de asistencia, pero carentes de propuestas y soluciones. Pocos de los que protestan están dispuestos a emprender soluciones desde el voluntariado, el asociacionismo o los partidos políticos, o incluso emprenden su ira contra los pocos que intentan hacer algo. Afortunadamente no todos son así, y hay motivos para la esperanza; España sigue siendo un país solidario y cívico.

La "responsabilidad individual" es un concepto anglosajón del que debemos aprender; detectar nuestros propios fallos y ser capaces de llevar a cabo soluciones. Si esperamos que todo sea solucionado desde fuera perdemos iniciativa personal y derrochamos ingentes cantidades de dinero en solucionar fallos comunes. La sociedad dejará de esforzarse y de producir aquellas cosas que sean proporcionadas con la sensación del "gratis total" y dejará de valorarlas.

Un "gratis total" que en otros países es utilizado por quien verdaderamente lo necesita. Por eso y por poner ejemplos europeos, vemos como en ciertos medios de transporte o instalaciones se ofrecen periódicos o revistas que son usados y devueltos al sitio de origen. Un respeto que también muestran hacia sus monumentos y tradiciones, donde es perfectamente posible instalar elementos decorativos, incluso valiosos, que son cuidadosamente respetados por los ciudadanos. En España durarían dos telediarios.

Hablo de Irlanda porque es un país que conozco y admiro. Allí confían en el valor de la palabra y piensan de buena fe que les estás contando la verdad. No conocen la picaresca española, cual Lazarillo de Tormes aprovechándose del ciego al que cuida. Sociedades prósperas como lo son en Japón, donde piensan en cómo trabajar más y mejor, y no en buscar la fórmula mediante la cual se cobre más y se trabaje menos.

Relativismo; una crisis que afecta al descrédito de las instituciones. Esta puede ser otra terrible consecuencia de la falsa superioridad moral de la ideología de izquierdas en España. Cuando el sistema (democracia) no les beneficia ponen en duda el sistema, el caso es no aceptar nunca que otras opiniones pueden estar en lo cierto. Cuestionamos a quien sale de las urnas (políticos) pero también a quien no sale (jueces, funcionarios, o la propia Monarquía), y sectores como la banca o la empresa también están mal vistos.

No podemos poner en duda absolutamente todo sin ofrecer alternativa. Nuestros verdaderos referentes deberían ser aquellos a quienes mejor les ha ido en la vida, especialmente si su éxito deriva de su esfuerzo o de su inteligencia. A menudo recurrimos a la suerte para describir al que le ha ido bien, pero no nos fijamos suficientemente en referentes de prestigio para intentar aprender de ellos: grandes profesores, escritores, médicos, juristas o economistas, y no tantos cantantes, deportistas o famosos.

Nos faltan principios, si nos comparamos con otros países. Frente a la ausencia de algunos valores en años de bonanza, durante la crisis hemos aprendido importantes lecciones que nos han llegado del terreno económico: hacer esfuerzos da resultados, el derroche siempre es pan para hoy y hambre para mañana, y la base del éxito no siempre es el camino fácil si no el trabajo continuo. Si para algo ha servido esta crisis es para depurar lo que no funcionaba y esforzarnos por ser más competitivos.

Todo ello debemos mejorarlo, a la vez que necesitamos más que nunca quitarnos los complejos que como españoles tenemos, y estar orgullosos de nosotros mismos. Parece que hay que pedir perdón cada vez que hablamos de nuestra historia, tradiciones o éxitos. La educación tiene mucho que ver en ello; la de las aulas, pero sobre todo la que se aprende en casa. Ojalá empecemos a aprender esos valores de sociedades orientales, del norte de Europa o del norte de América, manteniendo y mejorando el amor por lo propio, que no es otra cosa que nuestro país, España.

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