ENTRE TÚ Y YO

Cataluña dependiente

Me sorprende que en pleno siglo XXI alguien, llámese político o territorio, pretenda ser independiente. Como si esto sea algo posible o se elija

20.09.2013 | 12:24
Artur Mas en el Parlamento catalán. | EP

Quizás fuera posible en la Edad Media, cuando las relaciones dependían de uniones dinásticas o de mensajeros que tardaban meses en llegar a su destino. Entonces podías cerrar a cal y canto el castillo y declararte independiente. Hoy no.

Artur Mas quiere ser un nuevo Estado, o lo que es lo mismo, subir un escalón. Independiente es imposible ser en el siglo de las telecomunicaciones y la globalización. Quiere ser un nuevo estado, o tener un nuevo status político que le permita más autonomía o mejor financiación, porque generar las condiciones que dan lugar a la fundación de un nuevo ente político es harto complicado.

Cataluña no vive un proceso especialmente democrático o radicalmente democrático, que diría cualquier profesor de Derecho Constitucional al explicar la creación constitucional. Su proceso secesionista es protagonizado por sus dirigentes políticos, no por el pueblo. Que no es por menospreciar su poder de convocatoria; pero de Hannah Arendt a Bruce Ackerman se habla de momentos constitucionales como eventos políticos excepcionales, y esta historia de la independencia no tiene nada de particular. De hecho otros ya fracasaron en el intento.

Podrá, en todo caso, ser un camino democrático porque así lo quieren la mayoría de ciudadanos y de fuerzas políticas, pero no de todos ni de todas. Estudios aseguran que tan sólo el 18% de los catalanes se sienten sólo catalán y que el sentimiento identitario incluyente es el mayoritario con el 74% de los apoyos (www.metroscopia.org - septiembre de 2013). Por eso en un referéndum ganaría la independencia con una participación baja. Por eso hay muchísimos ciudadanos que se sienten perdidos en este debate, en medio de una crisis económica grave.

El de Artur Mas un proceso inteligente que permite centrar el foco de la atención en la independencia y no en la gestión económica de la Generalitat. El apoyo popular es la gran baza del dirigente que quiere conseguir más autonomía o mejor financiación y que además es respaldado en las urnas (pese a la pérdida de apoyos de CIU en la última convocatoria anticipada de elecciones). Saben que no les conviene desentenderse del resto de España, pero sale rentable ser el niño protestón. Saben que las empresas valoran negativamente la inseguridad que genera un contexto de ruptura política. Conocen la negativa de la UE a reconocer de forma automática un nuevo estado, aunque intentan por todos los medios que sus ciudadanos no se enteren. Esto se parece a un proceso de creación constitucional o fundación de un nuevo estado, pero no lo es.

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